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Editorial

La guerra arancelaria

Si lo sucedido ayer en el mercado bursátil y en el de las divisas es un aviso, a los estadounidenses les espera una inflación desbordada, una recesión económica y un déficit comercial que puede ser nefasto.

Socios comerciales clave de Estados Unidos, como la Unión Europea y el Reino Unido, afirmaron estar preparando sus respuestas a la escalada de Trump.
Ahora es Donald Trump quien impone un nuevo orden mundial económico, con la pretensión, según ha dicho, de repotenciar la industria de su nación y en su propósito de “hacer a América grande otra vez”. | Foto: AFP

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4 de abr de 2025, 02:31 a. m.

Actualizado el 4 de abr de 2025, 02:31 a. m.

La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de subir los aranceles a un centenar de naciones, tuvo los efectos iniciales previstos. Las bolsas del mundo cayeron ayer entre un 4% y un 6%, en el mercado de divisas el dólar se resintió e igual pasó con el precio del petróleo que bajó un 6%. En Colombia hay quienes opinan que, en medio de las dificultades que se generarán, hay oportunidades que se deben aprovechar. En todo caso, la globalización parece llegar a su fin.

Cumpliendo sus amenazas de los últimos meses, incluso desde antes de su posesión el pasado 20 de enero, y luego de mantener en vilo al mundo por varias semanas, el Primer Mandatario de los estadounidenses anunció en rueda de prensa el listado de naciones a las que se les aumentarán los aranceles y el porcentaje del aumento individual de esas tasas.

La base para tomar las decisiones fue la ‘reciprocidad’ impositiva. Para ello Trump utilizó una fórmula que en términos simples calcula el déficit comercial, es decir la diferencia entre el porcentaje de las importaciones -lo que EE.UU. le compra a cada país- y las exportaciones -lo que les vende-, dividió ese resultado entre dos y aplicó esa mitad del porcentaje a la tasa arancelaria.

Así es como a la Unión Europea le correspondió un impuesto a sus productos del 20%, a China del 39% y a Colombia, al igual que a la mayoría de países latinoamericanos, el 10%. Un porcentaje que, sin duda, tendrá efectos negativos sobre la economía del país si se tiene en cuenta que el mercado estadounidense representa el 34% del comercio exterior colombiano.

Está bien el optimismo de quienes ven en esta situación un mar de oportunidades para la industria nacional al poder competir en mejores condiciones que otros países en sectores como el de los textiles, el café, las flores y en general la agroindustria. O de los que consideran que es el momento preciso para abrir o consolidar nuevos mercados internacionales a los que, hasta ahora, no se les ha puesto la debida atención.

Pero el impacto se sentirá en general en el país, y también en el mundo, si las conversaciones que deberían abrirse a partir de ahora con los Estados Unidos para tratar de negociar las tasas arancelarias, no llegan a buen puerto. En todo caso, es claro que ahora es Donald Trump quien impone un nuevo orden mundial económico, con la pretensión, según ha dicho, de repotenciar la industria de su nación y en su propósito de “hacer a América grande otra vez”.

Está por verse el costo que tendrá para el propio Estados Unidos la política aislacionista y proteccionista que se busca imponer desde la Casa Blanca. Si lo sucedido ayer en el mercado bursátil y en el de las divisas es un aviso, a los estadounidenses les espera una inflación desbordada, una recesión económica y un déficit comercial que puede ser nefasto.

Por ello, después de la “bomba nuclear sobre el sistema de comercio global”, que en palabras de Ken Roggoff, execonomista del Fondo Monetario Internacional, acaba de dejar caer Trump, es de esperar que se trate solo de la presión que quiere ejercer el Mandatario estadounidense para obtener beneficios adicionales para su país.

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