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Patada a la mesa

Las bolsas reaccionaron en rojo y siguen bajando, los inversionistas no esconden los nervios, y las cadenas de suministro, ya frágiles tras la pandemia, se debilitan.

Muni Jensen
Muni Jensen | Foto: El País

Muni Jensen

Caleña. Graduada del Colegio Bolívar. Politóloga de Trinity College con Maestría en Estudios Latinoamericanos de Georgetown. Analista política y asesora para América Latina de Albright Stonebridge Group. Trabajó en Proexport en Bogotá y en la Cámara de Comercio de Cali. Fue subdirectora de la Oficina Comercial de Washington y jefe de prensa de la Embajada de Colombia en Washington.

5 de abr de 2025, 03:06 a. m.

Actualizado el 5 de abr de 2025, 03:06 a. m.

Esta semana, Donald Trump volvió a golpear la mesa. Esta semana, desde el icónico Jardín de las Rosas de la Casa Blanca, detonó una bomba de aranceles, en lo que llamó el ‘Día de la Liberación Económica’. Armado de su narrativa nacionalista, repartió aranceles al mundo entero, impuso un mínimo de arancel del 10 % a todas las importaciones hacia Estados Unidos y sanciones comerciales mucho más duras para países con los que el déficit comercial estadounidense es elevado. La arremetida, anunciada hace varias semanas, sacudió la agenda global, los mercados y los gobiernos amigos y enemigos. Entre los más golpeados: China, México, y buena parte de Europa. La excepción: Rusia. Para Putin no hubo castigo.

El mensaje es claro: Trump vuelve al poder mostrando fuerza, y su herramienta preferida es la guerra comercial. El impacto no se hizo esperar. Las bolsas reaccionaron en rojo y siguen bajando, los inversionistas no esconden los nervios, y las cadenas de suministro, ya frágiles tras la pandemia, se debilitan. Quizás el impacto más preocupante es la patada que ha dado el gobierno de Estados Unidos al orden mundial. El remezón para la economía global es enorme, y dejan a las alianzas existentes en un limbo preocupante donde, más allá del impacto económico, lo que está en juego es el modelo de relaciones internacionales que ha regido al mundo desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Estados Unidos, que durante décadas fue el capitán del libre comercio y el multilateralismo, hoy decide cerrar filas, romper reglas y actuar de manera arbitraria. Ese giro debilita alianzas históricas, desconoce las reglas de la OMC y deja el terreno abierto para que otros actores como China y bloques regionales ocupen espacios de influencia. A partir de esta semana, las relaciones comerciales ya no se definen en mesas de negociación, sino en comunicados unilaterales, y donde el poder se ejerce con zanahorias y garrotes en vez de consensos. En este nuevo desorden mundial manda el ‘sálvese quien pueda’.

China no se quedó de brazos cruzados. En cuestión de horas, respondió con un paquete contundente de medidas: aranceles del 34 % a productos estadounidenses, bloqueo a 11 empresas de EE. UU., restricciones a la exportación de tierras raras, fundamentales para la tecnología y la defensa, suspendió importaciones de pollo y sorgo de grandes exportadores norteamericanos. El mensaje chino es claro: no van a ceder terreno en una guerra que se volvió un pulso de poder global. China sabe dónde golpear: en sectores estratégicos y simbólicos.

Europa, cuyo castigo fue de 20 % en aranceles, ha tomado un camino más pausado y prefiere optar por la diplomacia, ya que temen que una retaliación empeore las cosas. El bloque mantiene su decisión de responder a los aranceles al acero y aluminio de EE. UU., pero ha decidido posponer sus represalias. La estrategia de Macron y otros es ganar tiempo para negociar, calmar las aguas y evitar una escalada.

Para América Latina y Colombia en particular, la noticia es preocupante. Pero también es momento de agilidad diplomática, visión a largo plazo y, sobre todo, de liderazgo empresarial. Los empresarios colombianos tienen la oportunidad y la responsabilidad de interpretar el nuevo mapa global, gestionar ante los Estados Unidos, pero también diversificar mercados, invertir en innovación y salir a buscar oportunidades. En tiempos de guerra comercial, la adaptabilidad y la flexibilidad del sector privado pueden marcar la diferencia entre la crisis y el crecimiento.

Muni Jensen

Caleña. Graduada del Colegio Bolívar. Politóloga de Trinity College con Maestría en Estudios Latinoamericanos de Georgetown. Analista política y asesora para América Latina de Albright Stonebridge Group. Trabajó en Proexport en Bogotá y en la Cámara de Comercio de Cali. Fue subdirectora de la Oficina Comercial de Washington y jefe de prensa de la Embajada de Colombia en Washington.

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