Columnistas
Viajar de nuevo
Viajar afuera permite viajar adentro, y concretar una utopía: una Cali segura, funcional, agradable, bella y emocionante...

Benjamin Barney Caldas
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, y en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998.
3 de abr de 2025, 03:19 a. m.
Actualizado el 3 de abr de 2025, 03:20 a. m.
Como ya se sabe, viajar permite apreciar mejor el lugar en donde se vive; por ejemplo, después de recorrer por tierra regiones de Europa y admirar sus bellos paisajes, lleva a valorizar la gran variedad de los de aquí y lo cercanos que se encuentran. Dos costas muy distintas y desierto en la Guajira; luego tres cordilleras diferentes con sus nevados y a su largo ríos y valles, infinitos llanos orientales y la selva amazónica, única en el mundo, y en todos ellos está presente la abundancia y diversidad de su vegetación y la de bellas aves; y se agradecen los climas tropicales del país, especialmente los medios, los que, sin estaciones, no varían tanto a lo largo del año.
Y algunas pequeñas ciudades sorprenden como Mompox, Villa de Leyva, Barichara, Salento o Sandoná; y cómo no recordar la imponencia del Castillo de San Felipe en Cartagena de Indias, la ciudad y la muralla que la rodea, o el insólito emplazamiento del Santuario de Nuestra Señora del Rosario de Las Lajas. Y están las ejemplares Torres del Parque en Bogotá, que su arquitecto, supo vincularlas al Parque de la Independencia y destacar la vieja Plaza de Toros de Santamaría; y cerca están El Museo Nacional, La biblioteca Nacional, el Museo de Arte Moderno, el Planetario Distrital, el tradicional Hotel Tequendama, el Centro Internacional, restaurantes y comercio.
Las Torres del Parque son la primera síntesis de Rogelio Salmona ‘de lo ya creado’ y en ellas se ‘ve’ lo que él vio en 1953 en su viaje por el sur de España y norte de África: ladrillo a la vista en la Giralda en Sevilla; atarjeas y estanques en La Alhambra; y terrazas, azoteas y altos alminares de planta cuadrada en el Magreb. Arquitectura ‘mudéjar’ de origen hispanomusulmán que llega en la segunda mitad del Siglo XVIII a la Nueva Granada, llamada ‘La Mudéjar’ por Diego Angulo; y la Torre Mudéjar de Cali es única en Hispanoamérica, como dice Ramón Gutiérrez, y para Santiago Sebastián la “más importante del mudejarismo […] neogranadino” y la “más hermosa de América”.
Hay que insistir en que la Plaza de Cayzedo y alrededores es el lugar más animado, divertido y auténtico de la ciudad; caminando por allí se recuerda el mercado tradicional (suq) de Marrakech, junto a una de las plazas más grandes y concurridas del mundo, la Djemaa el Fna; y por supuesto salta a la vista que la plaza ya no es un verdadero parque, pero una segunda mirada sin prejuicios permite sus aleccionadoras semejanzas, las que le permitirían a nuestra plaza ser bella y única. Y lo mismo sucede cuando pasando por San Antonio y San Cayetano se logra concentrarse en sus casas blancas, las que en el trópico son únicas y no apenas bellas.
En otras palabras, viajar afuera permite viajar adentro, y concretar una utopía: una Cali segura, funcional, agradable, bella y emocionante; un ideal que parece de muy difícil realización, pero cuya representación imaginativa favorece los viajes a aquellos lugares en donde se encuentran las raíces del lugar en donde se vive, y al regreso formular de nuevo aquella utopía. Pero cuando se regresa a los lugares en los que se ha estado, esa utopía permite vivirlos como si se fuera de allí, y al visitar nuevos en cada viaje, convertirse en ciudadanos del mundo, y apreciar y gozar con lo de cada lugar, principiando con aquel en donde se vive.
Benjamin Barney Caldas
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, y en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998.
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