Columnistas
Un choque cultural
El rechazo al relato del hombre blanco, a las instituciones y narrativas que le han dado sustento a Occidente, a la concepción de género y a temas como la llamada ‘teoría crítica de la raza’...

Ricardo Villaveces
Ingeniero industrial, Presidente de Asocaña por casi veinte años, consultor privado y miembro de múltiples juntas directivas en los sectores financiero, industrial, energético, servicios, educativo y de investigación. Escribe para El País hace más de veinte años.
5 de abr de 2025, 03:08 a. m.
Actualizado el 5 de abr de 2025, 03:08 a. m.
El entusiasmo de Trump con los aranceles y con las guerras comerciales pueden dejar a un lado lo que puede ser un cambio de más fondo que se está comenzando a manifestar. Es la reacción contra esa corriente cultural que muchos teóricos han llamado del posmodernismo y que tiene, en el llamado movimiento Woke, una de sus manifestaciones.
Tiene que ver este con el rechazo a los relatos tradicionales de la sociedad occidental y al impulso a movimientos identitarios que han venido tribalizando al mundo. El rechazo al relato del hombre blanco, a las instituciones y narrativas que le han dado sustento a Occidente, a la concepción de género y a temas como la llamada ‘teoría crítica de la raza’ han venido generando grupos aislados que encuentran lugares comunes para identificarse, pero se distancian de todos aquellos que piensen diferente.
Esto no es nuevo y se viene gestando desde comienzos de los años 60, a raíz de la lucha por los derechos civiles en los Estados Unidos, que dio origen a fenómenos como el de la ‘contracultura’ y al rechazo de todo lo establecido.
Esta situación llegó a momentos críticos durante la guerra del Vietnam y ha seguido avanzando, llegando a extremos en temas como los de la corrección política, el uso del lenguaje, el tema del género, la ‘acción afirmativa’ y la guerra a los símbolos y las imágenes de la historia oficial.
Lo que se está viendo en el caso de Trump, pero también en el de Milei en Argentina o en el de Orban en Hungría, es una reacción muy fuerte a esta manera de ver el mundo. Esto se traduce en posiciones extremas como las de la eliminación del concepto DEI (diversidad, equidad e inclusión) en los temas relacionados con el gobierno o las situaciones en que se han encontrado algunas de las universidades de élite
¿Hasta dónde se va a llegar? No se sabe en este momento, pero, seguramente, un rechazo tan radical a lo que para muchos ciudadanos eran grandes avances logrados en los últimos años va a dar lugar a recciones que pueden llegar, incluso, a la violencia y que, de alguna forma, tienen similitud con lo ocurrido a comienzos de los sesenta en las luchas por los derechos civiles.
Lo que está en juego es entonces algo más profundo que la guerra de los aranceles, es un enfrentamiento cultural entre dos maneras muy diferentes de ver la sociedad, de entender los derechos y de convivir.
Seguramente se han producido excesos al pretender que todos tengamos que aceptar lo que los defensores de la cultura woke promulgan, pero también es cierto, que no se puede desconocer que son muchas las personas que se sienten identificadas con ese tipo de planteamientos.
No se ven muchos puntos de encuentro entre posiciones tan divergentes y es por ello que las contradicciones y los conflictos que se pueden presentar, sobre todo en los Estados Unidos, pueden llegar a ser muy complejas y mucho más de fondo que los que surgen alrededor de los temas comerciales.
Ricardo Villaveces
Ingeniero industrial, Presidente de Asocaña por casi veinte años, consultor privado y miembro de múltiples juntas directivas en los sectores financiero, industrial, energético, servicios, educativo y de investigación. Escribe para El País hace más de veinte años.
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