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O muy bien, o muy mal
Muy malo si no se logra una concertación y el país vuelve a caer en la guerra civil.

Marcos Peckel
Profesor de la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia. Analista internacional para varios medios en Colombia y el exterior. Colaborador y columnista de El País desde el 2001.
18 de dic de 2024, 01:59 a. m.
Actualizado el 18 de dic de 2024, 01:59 a. m.
Cayó Assad cuando nadie lo pensaba, tras sobrevivir a una brutal guerra civil en la que tuvo que exterminar a centenares de miles de sirios para mantenerse en el poder. Las macabras imágenes y desgarradores testimonios de la prisión de Saydnaya son apenas una muestra de la monstruosidad del régimen dinástico de los Assad, padre e hijo.
Una vez derrocado el dictador y superado el shock, producto de la ofensiva relámpago de los rebeldes liderados por Hayat Tahrir al-Sham -HST- que conquistaron Damasco sin resistencia, queda la gran incógnita sobre el futuro del país. Este podría ser, parafraseando a Pambelé, o muy bueno o muy malo, medias tintas no caben.
Muy bueno si las distintas facciones, corrientes religiosas y etnias presentes en el caleidoscopio sirio: sunitas, shiitas, drusos, kurdos, cristianos, alawitas, logran construir un proyecto de nación donde quepan todos, no necesariamente una democracia occidental, pero si una equitativa distribución del poder en que un grupo no domine a los demás. Los primeros síntomas son positivos. El comandante de los rebeldes Ahmed al-Sharaa conocido por su alias Abu Mohammed al-Jolani, de facto líder de Siria, ha dado muestras de querer construir un nuevo país incluyente, ha dicho que no quiere más guerras, sino paz y normalidad para su pueblo y se ha reunido con líderes de otras facciones.
El desafío es colosal. Gran parte del país está en ruinas, la economía aniquilada, millones de desplazados internos y otro tanto de refugiados en países vecinos y Europa que desean regresar a sus hogares. Para comenzar, HST debe ser sacado de las varias listas de organizaciones terroristas para poder acceder a ayudas internacionales sin las cuales poco puede hacer. La reconstrucción del país de lograr encaminarla tomará años.
Muy malo si no se logra una concertación y el país vuelve a caer en la guerra civil; muy malo si Isis resurge de las cenizas pescando en el río revuelto de la fragilidad institucional y deseos de venganza; muy malo si al-Sharaa, presionado por sus bases, implementa lo más radical de la ideología islámica sunita estilo talibán; muy malo si Turquía avanza aún más en la región kurda, el nororiente del país, como ya lo ha hecho desde 2019;, muy malo si algunas de las milicias armadas buscan provocar a Israel; muy malo si los iraníes regresan.
Allende, los desafíos internos, gruesos nubarrones, amenazan desde afuera. Siria, durante la guerra civil, se convirtió en un complejo escenario de la geopolítica regional y global, y un agujero negro de la comunidad internacional que nada pudo hacer para detener la calamidad que Assad le asestó a su pueblo. En Siria intervinieron apoyando o atacando a diversos grupos, Rusia, Estados Unidos, Turquía, Israel, Irán, Qatar, Emiratos Árabes, por mencionar algunos.
Al final, cuando parecía que Assad se había quedado y que triunfaban en el tablero geopolítico sus aliados, Rusia, Irán y Hezbollah, el castillo se derrumbó y estos pasaron a ser grandes derrotados. El ‘eje de resistencia’ construido por Irán durante décadas a un costo altísimo con el fin de destruir a Israel y someter a los países del Golfo, yace en ruinas. Rusia, que tiene una base naval y una aérea en Siria negocia, desprestigiada, su permanencia con los nuevos amos en Damasco. Hezbollah quedó reducida a una mínima parte tras el enfrentamiento que comenzó con Israel, lo cual le abre a Líbano las puertas para su propia reconstrucción nacional.
Ganadores en el tablero geopolítico; la población siria que puede saborear libertad por primera vez desde la creación de la República en 1946. Igualmente, Turquía e Israel como actuales protagonistas son indiscutibles ganadores aunque en las arenas movedizas de una geopolítica regional que no perdona, cualquier cosa puede pasar.
Marcos Peckel
Profesor de la Facultad de Relaciones Internacionales de la Universidad Externado de Colombia. Analista internacional para varios medios en Colombia y el exterior. Colaborador y columnista de El País desde el 2001.
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