Columnistas
De las cuchibarbies a las chiquibombones
Ahora ha surgido otro estereotipo, más auténtico y descomplicado que abarca desde quinceañeras hasta veinteañeras...

Mario Fernando Prado
Administrador de Empresas, Abogado y periodista por vocación. Director y fundador de MF Publicidad Mercadeo Limitada, al igual que de los programas Mario Fernando Piano y Oye Cali. Galardonado en dos oportunidades con el premio Simón Bolívar de periodismo. Escribe para El País hace más de 40 años.
27 de sept de 2024, 02:14 a. m.
Actualizado el 27 de sept de 2024, 02:14 a. m.
Hace como 20 años acuñamos la palabra cuchibarbie para referirnos a unas señoras y señoritas ya entradas en sus añejos, quienes gracias a los milagros de Alfonso Riascos, y otros cirujanos plásticos, extrajeron grasas y templaron pieles, levantaron pechos y colas y las pusieron en circulación en el exigente mundo de las vanidades, lo que se llamó picarescamente el ‘mercado del usado’.
Además, y ayudadas por minifaldas y maxiescotes tuvieron su segundo debut con gran éxito con los varones, pero criticadas por sus contemporáneas con implacables comentarios, además que se ayudaban con ropas de veinteañeras y hasta con faldas a cuadritos de colegialas.
Pero como el tiempo no perdona, les paso factura a esas barbies prefabricadas a quienes los años se les vinieron encima y les resultó peor el remedio que la enfermedad, y helas ahí escondidas en túnicas y enormes gafas de sol a las nueve de la noche para no ser reconocidas por sus otrora admiradores, y hoy son unas ‘cuchas’ más arrugadas que una pasa con una vejez de Pontiac que ni ellas mismas se resisten.
Ahora ha surgido otro estereotipo, más auténtico y descomplicado que abarca desde quinceañeras hasta veinteañeras, a quienes mi nieto Mateo, de 17 años, ha bautizado con el nombre de ‘chiquibombones’ que integran una cofradía a las que les caen entre otros, los atracacunas que creen que la juventud es contagiosa y son objeto de despiadadas burlas.
Las chiquibombones exhalan frescura y autenticidad con una gracia y picardía auténtica y ligeramente coqueta. Pertenecen a una nueva generación de la belleza no exenta de una naciente sensualidad que le brota a flor de piel.
Ahora, y como era de esperarse, ya hay hasta cuarentonas que se quieren matricular en la ‘chiquibombonería’ y hasta compiten con sus propias hijas a ver cuál de las dos se ve más joven. Oh, vanidad de vanidades.
Nos toca esperar a ver cómo evoluciona esta nueva -llamémosla- moda, que ojalá no tenga el triste final ‘cuchibarbiesco’ que ya ha cobrado sus primeras víctimas.
PD1. Se están viendo ya las acciones positivas en materia de movilidad y seguridad. El reparcheo le cambia la cara a nuestras calles y a sus habitantes.
Se nota una nueva policía, más activa y amigable, que está haciendo respetar la ley. La ciudad respira un nuevo aire y la COP16 nos va a mejorar el caminado. Por eso hay que hablar bien de Cali.
PD2. No más ‘leguleyadas’ para engavetar la carretera Mulalo-Loboguerrero.
PD. La CVC debe defenderse de quienes pretenden acabarla con un interés político por encima de cualquier consideración.
PD4. ¿Cuándo es que va a empezar a llover?
PD5. El recorte al presupuesto para el Valle es inaudito.
PD6. Hoy, a las 5 p. m., en Chipichape, recital con ‘yo me llamo Raphael’, la pianista italiana Francesca Maggini tocando las canciones napolitanas y MF Piano interpretando los boleros del amor.
Mario Fernando Prado
Administrador de Empresas, Abogado y periodista por vocación. Director y fundador de MF Publicidad Mercadeo Limitada, al igual que de los programas Mario Fernando Piano y Oye Cali. Galardonado en dos oportunidades con el premio Simón Bolívar de periodismo. Escribe para El País hace más de 40 años.
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