Columnistas
Una ciudad de inmigrantes
Las personas que habitan en Cali provienen de otras regiones del país, generalmente del sur occidente y principalmente del campo, en búsqueda de mejor trabajo, vivienda, salud, educación...

Benjamin Barney Caldas
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, y en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998.
10 de oct de 2024, 03:12 a. m.
Actualizado el 24 de dic de 2024, 05:48 p. m.
La gran mayoría de los actuales habitantes de Cali no nacieron aquí o sus padres o abuelos, lo que hace que sea una ciudad de inmigrantes; y de ahí muchos de sus problemas como su inseguridad, corrupción, ignorancia, desorden, irrespeto a los otros y el incumplimiento de las normas. Aspectos que se manifiestan en lo social, económico, urbano arquitectónico, ambiental y político, conformando un todo cultural que demanda una mirada holística para poder identificar, concretar y jerarquizar dichos temas, en búsqueda de un propósito compartido para el futuro de la ciudad y sus ciudadanos, y de frente al cambio climático y demás amenazas globales.
Los anteriores son temas de los que algo se ha hablado, entre muchos otros, en varias de las muchas reuniones que la excandidata a la Alcaldía, Diana Rojas, ha sostenido, en tanto ahora líder de ‘Cali 500+’, con funcionarios, gremios, universidades y medios, y de los cuales urge que la comunidad opine para poderlos interrelacionar con el propósito de que puedan alimentar el objetivo de dicho ejercicio: el de lograr una gobernanza colaborativa en el sentido de una forma de gobernar, eficaz y adecuada a dichos fines; en otras palabras, hablar de Cali, en tanto la ciudad física, y de sus habitantes en tanto inmigrantes a ella y no sus llamados raizales.
Las personas que habitan en Cali provienen de otras regiones del país, generalmente del sur occidente y principalmente del campo, en búsqueda de mejor trabajo, vivienda, salud, educación y posibilidades de progresar, y se debe entender que es lo que les impide ser de verdad ciudadanos de una ciudad que aún no es la suya; y, por otra parte, se trata del urbanismo y la arquitectura de la ciudad. Pero sobre todo de lo que es pertinente hablar es de la necesidad de interrelacionar la ciudad y sus habitantes para que estos puedan ser verdaderos urbanitas de aquella, teniendo en cuenta que Cali, como todas las ciudades, es diferente.
Los visitantes del exterior que llegan a Cali suelen admirar su grato clima, entre cálido y medio, su variada y exuberante vegetación, y sus paisajes de montes, cordilleras y amplio y verde valle; pero a los inmigrantes locales, que provienen de regiones similares, pero menos diversas a su interior, lo que les llama la atención son otras cosas, entre las cuales sobresale la rumba ruidosa. Son inmigrantes a los que el patrimonio material inmueble de la ciudad muy poco puede decir algo, pero sí sus “rascacielos”; y además están acostumbrados a circular por amables calles de pueblo y no por las atestadas de carros y motos de la ciudad.
Si las opiniones sobre Cali y sus habitantes se hacen llegar a ‘Cali 500+’ donde se podrían integrar, se podría lograr un objetivo compartido a largo plazo, a partir de este unos apropiados planes generales a mediano plazo, los que incluirían pertinentes y diversos proyectos a corto plazo, e identificar ‘acupunturas’ urbanas inmediatas, poniendo fin a la improvisación que ha acompañado a la ciudad desde que se la designó como nueva capital del nuevo Departamento, de lo que se salvó Buga, y resolviendo el problema que significa para una ciudad su acelerado crecimiento solamente poblacional y a base de inmigrantes.
Benjamin Barney Caldas
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, y en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998.
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