Columnista
Tiendas de barrio
Se vendía carbón, remedios, bebidas y, además, funcionaban como centro social de comunidades humildes.
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2 de feb de 2026, 12:48 a. m.
Actualizado el 2 de feb de 2026, 12:48 a. m.
En mi barrio Venus, de Cereté, cerca de mi casa, había dos tiendas de barrio. Una estaba ubicada en una esquina, propiedad de un señor al que le decían el ‘Mono’ Banquet, padre de un compañero de colegio, Irene Banquet (quien de adulto se cambiaría ese nombre), gran amigo y peleador del barrio. La otra tienda estaba ubicada en la esquina opuesta y pertenecía a una señora llamada Visitación Galván, a quien le decíamos ‘doña Visita’. Ella nos fiaba y nos regalaba ‘ñapas’. Un día murió súbitamente, y eso nos produjo mucho dolor y nostalgia; aun así, mi abuela nos obligaba a rezarle, y cuando no lo hacíamos, nos amenazaba diciendo que la señora nos iba a salir esa noche. Entonces salíamos corriendo a rezar.
Las tiendas de barrio eran pequeños establecimientos minoristas atendidos por sus dueños. Vendían productos de la canasta básica para el consumo diario de los vecinos: abarrotes, artículos de limpieza, alimentos, verduras, dulces, manteca, arroz, azúcar, café, muchas veces envueltos en papel periódico. Estaban surtidas como un minimercado, ofrecían un trato personalizado que generaba confianza, daban crédito y anotaban las compras al fiado en un cuaderno con lápiz. Estos productos, por lo regular, se adquirían en pequeñas porciones que sacaban de apuros a las amas de casa sin necesidad de recurrir a grandes superficies costosas y alejadas de los barrios.
En otras ciudades y países eran llamadas pulperías, probablemente derivadas del término ‘pulpo’. Su origen data del Siglo XVI, cuando proveían todo lo indispensable para la vida cotidiana. Se vendía carbón, remedios, bebidas y, además, funcionaban como centro social de comunidades humildes. También se vendían cervezas y eran puntos de reunión para juegos de azar como parqués y dominó; las tiendas de barrio eran el centro neurálgico de la vida comunitaria. Allí se reunían las vecinas para compartir chismes y comentar los problemas del barrio y del país.
Con el pasar del tiempo, las tiendas de barrio han ido desapareciendo por la competencia de los grandes almacenes, los impuestos y la inseguridad. Fueron un símbolo de nuestra infancia, que recordamos con cariño y nostalgia. Las tiendas de barrio hacen parte del pasado feliz de nuestros barrios emblemáticos y de nuestras ciudades.
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