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La doctrina Donroe, Venezuela y Colombia

Estados Unidos leyó muy bien la realidad y actuó de manera pragmática, dando primacía a sus intereses de reafirmar su poder regional exclusivo...

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Guillermo Puyana Ramos.
Guillermo Puyana Ramos. | Foto: El País.

2 de feb de 2026, 12:41 a. m.

Actualizado el 2 de feb de 2026, 12:41 a. m.

En Caracas, el Tribunal Supremo de Justicia en pleno dio un aplauso cerrado a una sumisa y acomodada Delcy Rodríguez cuando anunciaba una ley de amnistía general “que cubra todo el periodo de violencia política desde 1999 hasta el presente”, es decir, la era chavista-madurista. Es el capítulo final de la tragicomedia de la Revolución Bolivariana que quiso construir un modelo socialista antiimperialista latinoamericano, el Socialismo del Siglo XXI, que fue paulatinamente sustituido por un sistema de alianzas de corrupción político-militar y hoy repta hacia una especie de protectorado de los Estados Unidos.

El acto en que Delcy Rodríguez propone hacer “una revolución a la revolución” chavista tuvo como proscenio el mismo tribunal supremo que avaló todas las triquiñuelas legislativas y constitucionales para que el Socialismo del Siglo XXI terminara encarnado en Nicolás Maduro.

Washington está a gusto con la situación. Sus órdenes se cumplen a cabalidad por la Presidenta interina, quien, tras anunciar la amnistía, habló de multilateralismo y soberanía popular, del genocidio en Palestina, dijo que Venezuela sufrió una agresión extranjera y honró la memoria de venezolanos y cubanos ‘ciudadanos de la Patria Grande’ que murieron resistiendo en ‘condiciones de gran desigualdad’. Mientras haga lo que se le pide, que hable como quiera.

El final es lánguido para los actores principales de la política venezolana. El estamento político militar madurista no opuso resistencia efectiva el 3 de enero y no dejó dudas de que la clave de la inteligencia norteamericana fue garantizar la traición del círculo inmediato de Nicolás Maduro. Más que la alta tecnología, fue el milenario Arte de la Guerra, su capítulo 2: usar al enemigo para derrotar al enemigo.

También es lánguido para la oposición, sin proyecto real para una Venezuela dividida no tanto entre chavistas y antichavistas como entre chavistas antimaduristas y maduristas. Extirpar el madurismo de ninguna manera implicaba la restauración de los ‘catires’ Corina Machado, Leopoldo López, Lilian Tintori y Juan Guaidó.

Estados Unidos leyó muy bien la realidad y actuó de manera pragmática, dando primacía a sus intereses de reafirmar su poder regional exclusivo, en el que pesan más objetivos estratégicos para controlar las decisiones geopolíticas y de recursos naturales venezolanos, y trazar una nítida línea roja a las potencias extracontinentales en esa parte de América Latina y poner a Cuba en lista de espera. El relanzamiento de la Doctrina Monroe por Donald Trump es tan descarnado que ya la llaman Doctrina Donroe.

Ante la incertidumbre sobre la capacidad de la oposición de ejercer el poder, Venezuela quedaba en una posición de extremo peligro de guerra civil irregular que hubiera requerido desembarcar tropas norteamericanas para enfrentarse a los colectivos muy bien organizados y bien armados.

Era más inteligente dejar a Delcy Rodríguez funcionando como punto de equilibrio entre chavismo y los restos del madurismo, sin lanzar al país a una sangrienta guerra de guerrillas urbanas, que sería un desenvolvimiento muy probable de un gobierno liderado por una oposición con ansias de venganza. Llevar al país al caos perjudicaba el objetivo estratégico de Estados Unidos, en cuyo menú la democracia está en la sección de acompañamientos.

Estados Unidos reconfiguró las relaciones de poder con América Latina y el 3 de febrero le llega el turno a Gustavo Petro cuando aterrice en Washington a recibir instrucciones sobre temas sensibles como narcotráfico y migración; posiblemente haya algún tema relacionado con la política internacional que surgirá en la medida en que Petro lo provoque.

Petro debe recordar que en la doctrina Donroe puede decir lo que quiera, mientras haga lo que se le ordena.

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