Columnista
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Ya quiero ver la foto de Petro y Trump como los mejores amigos, una imagen que tendrá un efecto electoral inmediato, porque va a calmar a muchas personas temerosas ante un eventual gobierno de Iván Cepeda...
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20 de ene de 2026, 02:30 a. m.
Actualizado el 20 de ene de 2026, 02:30 a. m.
Dos personajes que parecen de orillas distintas, pero parecen hermanos separados al nacer: Donald Trump y Gustavo Petro.
Se verán cara a cara el próximo 3 de febrero en la Casa Blanca. Gustavo ha dicho que le llevará una réplica de orfebrería Quimbaya como muestra de amistad y seguramente Donald le devolverá las atenciones con algún recuerdo de la Oficina Oval. Lo importante es que se encontrarán, de tú a tú, dos puntos de vista que, repito, parecen diferentes, pero se parecen mucho.
Los dos van por lo que quieren y quién se atraviese debe atenerse a las consecuencias: a seis meses de terminar su mandato, Gustavo sigue amenazando con llamados a las calles y ‘decretazos’ si sus reformas y aumentos de salarios no pasan el filtro de las cortes; Trump amenaza con aranceles a los países que se opongan a sus intenciones de apoderarse de Groenlandia y sus recursos y Petro anuncia el renacer de La Gran Colombia y de paso aprovechar el gas venezolano; Petro amenaza a los medios y los acusa de mentirosos y arrodillados ante los grupos económicos y Trump califica a los periodistas que cubren la Casa Blanca como ‘títeres del socialismo’ y los dos se sueñan recibiendo el premio Nobel de Paz.
El punto clave de la reunión entre estos dos personajes tan parecidos es el tema de narcóticos; como hombre de negocios, ojalá que Trump entienda los argumentos que llevará Petro: es más barato afrontar el problema de las drogas desde la legalización que seguir gastando miles de millones de dólares en una guerra que está perdida. El fentanilo, la gran preocupación de los norteamericanos, está siendo mezclada con la cocaína, potenciando sus efectos mortales. Colombia no puede seguir sola sosteniendo una guerra contra las drogas que no va para ninguna parte. Hace 31 años que Pablo Escobar murió sobre un tejado en Medellín y el negocio está lejos de acabarse; al contrario, se ha multiplicado y ramificado con varios grupos armados disfrazados de guerrillas que en realidad están dedicadas al narcotráfico.
En su primer discurso frente a la ONU en septiembre de 2022, el Presidente colombiano abordó de manera valiente este tema, proponiendo al mundo una discusión abierta, a la luz del Siglo XXI y de los pobres resultados de la guerra contra las drogas, para que enfrente este flagelo desde la educación y la prevención. Lamentablemente, su política de la Paz Total fortaleció los grupos narcoterroristas y multiplicó varias veces el número de hectáreas cultivadas con coca. Este debería ser el tema central de la reunión con el Presidente norteamericano, quien seguramente entenderá que resulta mucho más barato afrontar el asunto de las drogas con un tratamiento diferente y que los gobiernos y la empresa privada podrían tener el control del uso y comercialización de drogas como la marihuana y la cocaína si legalizan su producción y trabajan en la prevención y la pedagogía. El periodista Antonio Caballero decía que el problema del narcotráfico se podía acabar dándoles a los campesinos cocaleros los mismos créditos que quebraron a los arroceros, a los paperos, a los productores de frijol y de café, que seguir invirtiendo millones de dólares, lágrimas y sangre en una guerra perdida contra las drogas. Ya quiero ver la foto de Petro y Trump como los mejores amigos, una imagen que tendrá un efecto electoral inmediato porque va a calmar a muchas personas temerosas ante un eventual gobierno de Iván Cepeda, candidato del petrismo, quien sigue punteando en las encuestas.

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