Columnistas
Paloma es el nuevo centro
Un centro que se ha construido con dificultad aproximando a mucha gente diferente, buscando espacios comunes de entendimiento.
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23 de may de 2026, 03:30 a. m.
Actualizado el 23 de may de 2026, 03:30 a. m.
La realidad de la tan mentada polarización política es que esta quedó, como corresponde al término, entre las huestes de Abelardo de la Espriella y su militarista “Firmes por la Patria”, fuerza que aún no se ha medido electoralmente y cuya fortaleza está en controvertidas encuestas, pero que es claramente la extrema derecha, y la evidente radicalización del discurso presidencial en defensa de su legado y su continuidad, que es claramente de extrema izquierda (lo que su desordenado gobierno no fue). En la mitad, con una posibilidad real, representando algo que podríamos llamar un nuevo centro, está, quién lo creyera, una Paloma.
Es un centro que se ha construido con dificultad, aproximando a mucha gente diferente, buscando espacios comunes de entendimiento. El hecho político tozudo es que la candidata que lo representa se ganó su posición en una consulta popular abierta, donde contó con el apoyo total del Centro Democrático, lo cual es interpretado por muchos, si gana, como el regreso del uribismo al poder.
Eso tiene tanto de largo como de ancho. La habilidad de Paloma estará en representar al mismo tiempo los valores del uribismo, que son los de la tradición, la familia y la propiedad; una visión un tanto rural, católica y moralista, conservadora, de la vida cotidiana, muy identificada con el espíritu antioqueño que construyó medio país, y una concepción urbana, moderna, liberal, con familias disfuncionales, descreída, con alto nivel de vida, consciente de sus derechos, defensora de las minorías y voluble en sus posiciones políticas.
Paloma Valencia no puede negar sus orígenes uribistas ni la combatividad que caracterizó su carrera parlamentaria, ni está interesada en hacerlo. Sabe que su base electoral son los votos que le pone el expresidente Álvaro Uribe, que no puede enajenar con una declaración impertinente. Uribe acude a la disciplina de un partido que es enteramente producto de su liderazgo nacional, para evitar que se desborde hacia la extrema derecha y termine dividido entre Paloma y Abelardo de la Espriella.
El propio Abelardo se declara el uribista número uno al margen del Centro Democrático, que según él no lo recibió en su momento. El eventual paso de Paloma a la segunda vuelta unificaría esa secesión, lo cual no sucedería si la situación es a la inversa. Es decir, el paso de Abelardo a la segunda vuelta sería una carga de profundidad a la alianza entre Paloma y la centro derecha, que es lo que ha hecho viable su candidatura. Es por esa razón que desde la otra orilla se considera que Abelardo de la Espriella es el candidato más fácil de derrotar.
Si Paloma logra recoger a toda la derecha, sin espantar al electorado de centro derecha que se expresó en la Gran Consulta por Colombia, más el apoyo de partidos políticos tradicionales que se lo han dado precisamente sobre la base de que no es una candidata extremista, no habrá quien pueda impedirle ganar la Presidencia de la República en la segunda vuelta. Para lograrlo tiene que moverse con un gran sentido de equilibrio entre los campos de esa coalición variopinta, que no es fácil de definir políticamente. Si se aferra al uribismo, pierde. Su carta de triunfo es considerarlo un socio más de una coalición donde hay de todo, con el elemento común de un rechazo a los extremos, lo cual no es otra cosa que una definición del centro político. ¿No era eso acaso lo que tantos querían?

Abogado especializado en Ciencias Socioeconómicas. Ha sido embajador de Colombia ante la Asamblea General de la ONU, Cónsul General de Colombia en el Reino Unido, Gerente Regional de la Caja Agraria y Secretario General de Anif y de la Universidad del Valle.
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