Columnistas
Las cuadrillas de la violencia
Cepeda, con dineros cuyo origen no es conocido, montó batalla judicial allí contra Uribe, que en estos momentos ha sido absuelto en segunda instancia.
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22 de may de 2026, 02:08 a. m.
Actualizado el 22 de may de 2026, 02:08 a. m.
Se fueron en buses. Era una cuadrilla grande -más de cien personas- y llegaron hasta el área rural, cerca del aeropuerto de Rionegro, donde vive con su familia el señor expresidente Álvaro Uribe Vélez. Él había salido a la ciudad y su esposa, doña Lina Moreno, se encontraba sola. Un recientemente elegido representante a la Cámara, de apellido Muriel, acompañaba al conjunto con todo el ánimo agresivo. Era del partido del presidente Petro y de Cepeda. Belicosos, agresivos, resueltos a todo, con armas que guardaban y solo dejaron ver una. Pero se sabía que no solo iban a estrujar y asustar, sino dispuestos a todo. El asaltante sabe que puede ir a morir, pero antes morirán los asaltados.
Por supuesto, un ánimo furioso de masas alebrestadas los acompañaba. El grito cargado de un odio que sacudía la atmósfera brotaba de los labios hinchados de furor; y sus brazos y músculos encrespados desafiaban con voces relinchantes a quienes estuvieren en casa. Llegaron desafiantes con pinturas rojas y brochas gordas a marcar las paredes y muros cercanos a su residencia, sin que nadie pudiera oponerse. Querían hacer sentir su odio contra el expresidente, a quien culpan de la existencia de los grupos paramilitares y de los falsos positivos, como falsamente lo sostiene airoso el señor Cepeda.
Claro que esa es otra gran mentira, al estilo Goebbels del estado mayor de Hitler, quien filosóficamente sostenía que una mentira repetida terminaba volviéndose verdad.
Vale la pena que recordemos históricamente cómo y por qué surgieron las entonces llamadas autodefensas de Colombia. Fue en el gobierno de Samper -y había tenido inicio en el de Gaviria— cuando, por los crímenes de las Farc-EP, incursas en hechos de recuerdo abominable, se adoptaron medidas de defensa campesinas que inicialmente fueron cooperativas de vigilancia privada. Luego vinieron varios decretos firmados por Samper, entre los cuales se destaca el 356 de febrero de 1994, que reglamentaban la organización de lo que fueron las autodefensas, que después degeneraron y se tornaron en otro gran peligro.
Álvaro Uribe acababa de ser elegido gobernador de Antioquia y cumplió con las directrices legales de su superior en el mando de Colombia, Ernesto Samper Pizano. Esa es la historia, y el que diga otra cosa falta a la verdad.
Cepeda, con dineros cuyo origen no es conocido, montó batalla judicial allí contra Uribe, que en estos momentos ha sido absuelto en segunda instancia. Pero insiste, pasando por encima de que las Farc, que antes eran una especie de reacción contra la violencia de los años 49 y 50, a instancias de Manuel Cepeda Vargas se convirtieron en guerrillas comunistas que doblegaron los campos de la nación y trajeron violencia -la gran partera de la historia según los comunistas- brutal y despiadada contra toda la sociedad colombiana. Toda una historia inolvidable del martirio al que sometieron a los pueblos que no se prestaban a sus pretensiones de poder.
Volviendo a los últimos sucesos del asalto al muro cercano a la residencia del expresidente Uribe, según las voces de un respetable profesor de la Universidad de Antioquia, al disolverse el asalto, iba a informar a Iván Cepeda. Como si él fuera el gestor de ese acto criminal que al señor Petro le pareció menor. ¡Cuánta hipocresía y atropello de un gobernante!
Y es preciso agregar, para que no se olvide, el asesinato de dos grandes dirigentes amigos de Abelardo de la Espriella, gran candidato de la oposición, y el magnicidio impune de Miguel Uribe Turbay, mientras se apresta para su ‘victoria’ el señor Cepeda, el hombre de las dos caras, comunista que finge ser demócrata.
Esto ocurrió hace cuatro días, y no fue cosa fortuita. Estaba siendo ejecutada con cálculo y organización.

ha desempeñado puestos públicos como juez del Circuito, Conjuez del Tribunal de Cali, Secretario de Gobierno de Cali y alcalde encargado, embajador de Colombia en Polonia y en la ONU. Ha sido delegado a varias conferencias internacionales como la OIT en Ginebra
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