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¿Año Nuevo?
Pero pese a todo lo que se viene encima, es más que conveniente pensar en qué hacer y cómo, para que el 2025 sea un año mucho más interesante...

Benjamin Barney Caldas
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, y en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998.
2 de ene de 2025, 01:11 a. m.
Actualizado el 2 de ene de 2025, 01:11 a. m.
Desde luego las amenazas continuarán en este nuevo año, y ni para qué recordarlas, pero sí toca mencionar que preocupa que la ONU haya denominado el 2025 como el Año Internacional de la Paz y la Confianza, lo que hace que se desconfíe más de dicho organismo, justo cuando el mundo está al borde de avances tecnológicos que transformarán industrias, economías, sociedades y países, y habrá cada vez menos diferencia entre ciencia ficción y realidad; y entonces toca añadir que la ignorancia y el mal uso de la IA son dos amenazas más, y que la democracia está cada vez más amenazada en más partes y de diversas maneras.
Pero pese a todo lo que se viene encima, es más que conveniente pensar en qué hacer y cómo, para que el 2025 sea un año mucho más interesante y placentero que el anterior Y sin duda lo sería leyendo, estudiando, creando y escribiendo mucho aún más; y entretanto, gozando a fondo de sabrosas comidas periódicas degustadas con ricas bebidas, antes y durante, y después de dulces postres y cafés oscuros, acompañadas de interesantes o divertidas charlas con los amigos, y mejor las dos al mismo tiempo, en lugares bonitos, agradables y bien atendidos, y sin muchos snobs alrededor, que hay que ir descubriendo y probando de tiempo en tiempo.
Y por supuesto hay que gozar y aprender mucho más de los viajes anuales, ya sean cortos o largos, a sitios cercanos o lejanos, pero que al leer sobre ellos antes, puedan ser interesantes, o volviéndolos sugestivos al estudiarlos in situ, y que sean acogedores y sin turismo invasivo. Como dice Elif Shafak en ‘Hay ríos en el cielo’, 2024, las personas se dividen en tres categorías: “las que casi nunca ven la belleza (si es que llegan a verla), ni siquiera cuando la tienen delante de los ojos; las que la reconocen solo cuando alguien se la hace ver, y las rara avis que encuentran belleza a cada paso, incluso en los sitios más insospechados (p. 120).
La escritura y la lectura coincidieron con la creación de las ciudades y, como dice Lewis Dartnell en ‘Ser Humano’, 2023, “es una tecnología que busca superar las limitaciones de la memoria humana y la comunicación oral para transmitir conocimientos a toda la sociedad y a lo largo de generaciones” (p. 45). Elif Shafak dedica su libro a “una querida escritora que, cuando le pidieron que hablara sobre ‘mujeres y ficción’, se sentó a orillas de un río y se preguntó qué significaban las palabras”. Según el DLE son una unidad lingüística, dotada generalmente de significado, que se separa de las demás mediante pausas en la pronunciación y blancos en la escritura.
Las palabras del subtítulo del libro de Lewis Dartnell, respecto al argumento de su libro, no pueden ser más claras: “Cómo nuestra biología ha modelado la historia universal”, a lo que es preciso agregar que la biología primero modeló la arquitectura de las viviendas y luego el urbanismo de las ciudades, incluyendo su paisajismo, precisamente los temas de la columna ¿Ciudad? de quién escribe intentando ayudar a que sus habitantes se conviertan en urbanitas al hacerles ver más y mejor las bellezas de su ciudad, y que no la continúen destruyendo, sin paz en el diario vivir ni confianza en un mejor control por parte de sus gobernantes.
Benjamin Barney Caldas
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle. Ha sido docente en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, y en el Taller Internacional de Cartagena, de los Andes, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998.
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