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Elon Musk: retrato de un poder político, económico y tecnológico que representa un peligro para la democracia en Estados Unidos
Expertos advierten que personas ultra ricas que además hacen parte del Gobierno en Estados Unidos podrían afectar el ejercicio de la política y las libertades individuales. Análisis.

Lo advirtió el expresidente de Estados Unidos, Joe Biden: existe una nueva generación de empresarios estadounidenses, aliados de Donald Trump, que podría arrasar con la democracia.
“En Estados Unidos está tomando forma una oligarquía de extrema riqueza, poder e influencia que literalmente amenaza toda nuestra democracia, nuestros derechos y libertades básicas”, dijo exactamente Biden en su discurso de despedida como presidente de Estados Unidos.
Enseguida agregó: “Esa peligrosa concentración de poder en manos de unas pocas personas ultra ricas tendrá consecuencias peligrosas si no se controla”.

Biden no mencionó nombres, pero se refería, entre otros, a Elon Musk, el hombre más rico del mundo, con una fortuna que, según Forbes, asciende a 435.000 millones de dólares, y quien además fue nombrado por Donald Trump en un cargo en el gobierno cuyo propósito principal es el recorte del gasto del Estado: director del DOGE (Departamento de Eficiencia Gubernamental).
Aunque esta semana se dijo que dejaría el cargo apenas termine su labor, aquello no se sabe cuándo sucederá. Pero, ¿quién es Elon Musk y cuál es su verdadero poder?
Así se hizo millonario
Fundador, CEO y líder de empresas como SpaceX, Tesla, Neuralink y The Boring Company, Elon Musk nació el 28 de junio de 1971 en Pretoria, Sudáfrica, en el hogar que conformaron Errol Musk, un ingeniero sudafricano, y Maye Musk, modelo canadiense.
Muy pronto Elon descubrió que tenía una inteligencia superior. A sus 12 años ya había diseñado, programado y vendido un videojuego: Blastar. A los 17 emigró a la tierra de su mamá, para después trasladarse a Estados Unidos y estudiar Física y Economía en la Universidad de Pensilvania.

Emprendedor de raza, visionario, se inició en el mundo de los grandes negocios muy joven. A los 24 años fundó Zip2, una empresa de software. Cuatro años después, vendió la compañía por 307 millones de dólares. Fue de esta manera como empezó a figurar en los listados de los más ricos del mundo.
Con todo ese dinero en el bolsillo, siguió multiplicándolo. Musk fundó enseguida PayPal, la compañía de pagos en línea que fue adquirida años después por eBay en 1,5 mil millones de dólares, una montaña de dinero que acercó a Musk a cumplir un sueño: explorar el espacio.
En 2002 fundó SpaceX, una especie de agencia de viajes para millonarios que anhelan conocer qué hay más allá de la atmósfera terrestre. Después de varios intentos, fracasos, se convirtió en la primera empresa privada en enviar una nave espacial a la Estación Espacial Internacional.
Pero Musk es un hombre cuya ambición no conoce fronteras, así que también fundó Tesla, la empresa de carros eléctricos, sin emisiones, con la última tecnología.

Aunque su jugada más polémica fue la adquisición de Twitter, ahora X. Se trató de un punto de inflexión en su carrera, su poder económico, la política y el debate público. Con X en manos de un ultramillonario, las alertas se encendieron. Uno de los temores es su capacidad de decidir cómo se modera la información que circula, lo que pone en riesgo la democracia, si, además, hace parte del gobierno más poderoso del mundo.
Óscar Palma, profesor de la Universidad del Rosario, advierte que históricamente ha existido la preocupación de que actores como Musk tengan suficiente poder para influir y manipular las decisiones que toma el gobierno de Estados Unidos.
“Esto sucedió anteriormente con el complejo militar industrial, cuando se planteó que existía una serie de empresas e industrias de las armas que con su poder podrían influir en las decisiones en temas de política exterior de Estados Unidos, deformando la idea de la política. La preocupación de hoy no es diferente y tiene sentido, porque esta serie de personas ultra millonarias pueden influir en los políticos, en los tomadores de decisión. Y sí podría haber determinaciones en ese sentido, para que favorezcan a estas empresas sobre el bien general o el interés colectivo. Ya se ha rumorado que las compañías de Elon Musk reciban grandes beneficios tributarios”, dice el profesor Palma.
Como propietario de SpaceX, Musk ya es uno de los mayores contratistas del gobierno estadounidense y, como propietario de Tesla, está a la vanguardia del impulso de Estados Unidos para ganar la carrera de los vehículos eléctricos.

Precisamente, en su discurso de despedida, Biden tocó ese asunto: así como el presidente Dwight Eisenhower en 1961 advirtió sobre los peligros de que el complejo industrial militar estuviera fuera de control, Biden alertó sobre el “posible ascenso de un complejo industrial tecnológico”, refiriéndose a los magnates de Silicon Valley que están detrás de los avances transformadores en inteligencia artificial y robótica.
“El corazón del debate es el riesgo en el que están las democracias. Las empresas de estos magnates como X, de Musk, Meta, de Mark Zuckerberg, Amazon, de Jeff Bezos, son compañías que manejan mucha información y muchos datos y de cierta forma pueden manipularlos en la forma en que a ellos les convenga, y creo que es una preocupación sensata, que tiene mucho sentido. Hay una radicalización del debate en Estados Unidos, de la mano de la extrema derecha, que muchas veces puede utilizar o basarse en este tipo de informaciones que se distribuyen en redes como X o Facebook”, agrega el profesor Palma, de la Universidad del Rosario.
Margaret O’Mara, profesora de historia en la Universidad de Washington, explica que incluso, al igual que Trump, Musk entendió el valor de captar la atención diciendo o haciendo cosas consideradas escandalosas y desafiando las normas establecidas.

“Elon Musk es rico, es provocador y no deja de decirle a Donald Trump que es maravilloso: eso es todo lo que a Donald Trump le gusta”, complementa Peter Loge, especialista en medios y asuntos públicos de la Universidad George Washington.
Sin embargo, tanto Trump como Musk comparten una característica en común que los podría distanciar: un ego por las nubes. “La probabilidad de que haya fricciones a largo plazo es alta entre estas dos personalidades que buscan la atención del mundo”, dice Lorenzo Castellani, profesor de Historia en la Universidad Luis Guido Carli de Roma.
¿Cómo cuidar la democracia?
La pregunta del millón es esa: ¿cómo blindar la democracia cuando está en manos de ultra poderosos? El profesor Óscar Palma, de la Universidad del Rosario, comenta que es difícil determinar acciones y mecanismos específicos para lograrlo y ponerle limites al poder que tienen.
Sin embargo, agrega, “en términos generales si existe un sistema democrático con pesos y contrapesos, debería existir la oportunidad institucional de limitar las acciones de este tipo de personas. Si existen unas cortes, el Congreso, unas instituciones independientes del poder ejecutivo, en teoría se debería poder controlar el poder concentrado en pocas personas. El problema es que el poder de sus empresas puede ser tan grande que puede llegar a influir en los sectores llamados a hacerles contrapeso. Y está la vigilancia de los ciudadanos y de los medios de comunicación, llamados a hacer un trabajo de control, informando a la sociedad de lo que está pasando. Es necesario una libertad de prensa y una sociedad muy activa para cuidar la democracia”.
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