Columnista
El laureanismo redivivo
Yo estaba convencido de que los colombianos habíamos salido de la casa Gómez, pero resulta que don Abelardo resolvió resucitarla.
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23 de jul de 2026, 12:29 a. m.
Actualizado el 23 de jul de 2026, 12:29 a. m.
Los viejos liberales, como es el caso del autor de esta columna, no tenemos ningún motivo para recordar con afecto al jefe conservador Laureano Gómez Castro y a su hijo Álvaro Gómez Hurtado, que resolvieron dirigir su actividad política a borrar de la faz de la tierra colombiana a los miembros del Partido Liberal, que para ambos era una extensión del comunismo soviético, por lo que representaba un peligro para Colombia.
Cuando el Partido Liberal, gracias a la división conservadora de Guillermo Valencia y el general Alfredo Vásquez Cobo, logró acceder al poder con Enrique Olaya Herrera, el doctor Laureano Gómez inició una campaña de desprestigio contra el gobierno y contra los dirigentes liberales, que se acrecentó en la siguiente presidencia de Alfonso López Pumarejo, que logró introducir en la Constitución Nacional cambios fundamentales que pusieron el país en la senda del progreso político y económico.
Ahí las iras del jefe godo se desbordaron, y tanto desde su curul en el Senado como en los editoriales de su periódico El Siglo, resolvió acudir “al atentado personal, a la acción intrépida y a hacer invivible la República”. El presidente que era también el gran líder liberal tenía al pueblo a su lado y Gómez fracasó en su intentona de tumbarlo, pero dio inicio a la fractura de los colombianos que desde entonces forman en dos bandos de muy pocos afectos entre ellos.
El gobierno de Eduardo Santos fue una pausa de los cambios sociales introducidos por López Pumarejo, pero cuando éste fue reelegido en 1942, Laureano volvió a la carga pero ahora apelando a mentiras infames como acusar al presidente de crímenes como el cometido contra el boxeador Mamatoco, y sacando a la luz pública los negocios de su hijo Alfonso López Michelsen.
Fue tan agresiva la oposición dirigida por Laureano Gómez que el presidente López, a quien le faltaba un año para terminar su mandato, renunció al cargo y el Congreso eligió como designado a Alberto Lleras Camargo, a quien le tocó la triste suerte de entregarle el poder a Mariano Ospina Pérez que montó la máquina de violencia que garantizaba que el próximo presidente sería el propio Laureano.
El 13 de junio de 1953, el general Gustavo Rojas Pinilla dio el golpe de cuartel que expulsó del gobierno a Laureano Gómez, quien ese día pretendió reasumir el mando, del que se había retirado por motivos de salud. Era tal la persecución que sufrían los liberales, que todos nos alegramos al ver a Laureano despedido en el aeropuerto únicamente por don Vicente Casas, iniciándose su exilio en España.
Cuando creíamos que el periplo político de Gómez había llegado a su fin, Alberto Lleras lo convenció que para tumbar a Rojas había que crear el Frente Nacional para que los dos partidos tradicionales compartieran de igual a igual el poder público durante 16 años, con alternancia en la presidencia. Ahí Laureano resurgió, fue elegido senador y presidente del Congreso, su hijo Álvaro la emprendió contra el acuerdo suscrito por su padre y Lleras en la playa alicantina, lo que ocasionó el retiro del laureanismo del gobierno.
Yo estaba convencido de que los colombianos habíamos salido de la casa Gómez, pero resulta que don Abelardo resolvió resucitarla, y ahí tenemos a Enrique Gómez Martínez de senador por el partido fundado por su tío Álvaro; a Mauricio de ministro de Hacienda, y a otro hermano en alto cargo en el gobierno de De la Espriella. Como quien dice, el laureanismo redivivo.

Abogado con 45 años de ejercicio profesional. Cargos: Alcalde de Tuluá, Senador y representante a la Cámara, Secretario de Gobierno y Secretario de Justicia del Valle. Director SAG del Valle. Columnista de El Pais desde 1977 hasta la fecha.







