Columnistas
Rígidos, tercos y controladores
Los síntomas obsesivos representan un mecanismo de defensa automático, de carácter inconsciente, que le sirve al paciente para protegerse de su propia angustia.
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25 de ene de 2026, 01:32 a. m.
Actualizado el 25 de ene de 2026, 01:32 a. m.
“Salir de la rutina le angustia terriblemente y su terquedad cada vez está peor”.
“Permanentemente necesita sentir que tiene todo bajo control”.
Estos son comentarios comunes emitidos por aquellos que conviven con alguien que sufre de un trastorno de personalidad obsesivo. La sintomatología, en grados variables de intensidad, se hace evidente desde muy temprano en la vida adulta y suele permanecer relativamente estable, aunque a veces puede empeorar, a través del tiempo. Algunos rasgos obsesivos no solo son normales, sino deseables para poder superar las dificultades naturales de la vida. Pero cuando dichos rasgos son severos, entraban el funcionamiento del individuo y limitan su disfrute personal.
Las manifestaciones clínicas del carácter obsesivo incluyen perfeccionismo, rigidez del carácter, terquedad, tacañería, falta de sentido del humor, inhabilidad para considerar puntos de vista distintos, y gran intolerancia al desorden. Hacer planes con personas agobiadas por síntomas obsesivos es complicado, pues a todo le encuentran peros. Sufren de muchas dudas al respecto del futuro, con lo cual justifican su frugalidad y su inhabilidad para romper con la rutina. Tienen una necesidad enorme de tratar de controlar todo, por lo cual tienen dificultades para mantener relaciones afectivas perdurables.
Para ellos nadie hace las cosas bien en el ámbito laboral, por lo cual les cuesta trabajo delegar funciones a otros. Rara vez encuentran razonable el tomarse un descanso, una tarde libre o una vacación. Y si lo hacen, los abruma el sentido exagerado de responsabilidad, la angustia o los sentimientos de culpa.
Las manifestaciones patológicas tienden a hacerse más evidentes en circunstancias de estrés y en casos extremos pueden llevar a la parálisis en el desempeño. Incluso cuando la patología es clara para sus familiares y amigos, la persona obsesiva no reconoce su problema, no reconoce la irritación que su comportamiento ocasiona en los demás, y no suele manifestar mayor consideración por las necesidades de los otros.
Los síntomas obsesivos representan un mecanismo de defensa automático, de carácter inconsciente, que le sirve al paciente para protegerse de su propia angustia. Pretender eliminar todos los síntomas no es realista y puede tener efectos contrarios. Para hacer más llevadera la convivencia con un obsesivo, las recomendaciones para los allegados incluyen, entre otras, identificar el problema, ponerle límites a la tiranía de la enfermedad, buscar ayuda y exigir un tratamiento.
Reconocer y entender la patología y sus consecuencias es el primer paso. Un problema es que, por lo general, las personas obsesivas no buscan ayuda profesional, pues a estas los síntomas no les resultan molestos. La falta de conciencia sobre la patología, especialmente cuando los síntomas se hacen más severos, hace que su tratamiento tenga un pronóstico reservado.
El pronóstico mejora sustancialmente cuando la comunicación con los demás es sana, los allegados reconocen y entienden la patología obsesiva, el paciente acepta su condición y, obviamente, cuando el trastorno no es muy severo.

Carlos E. Climent es médico de la Universidad del Valle y psiquiatra de la Universidad de Harvard. Durante30 años trabajó en el Departamento de Psiquiatría de la Universidad del Valle, y durante 20 se desempeñó como miembro del Panel de Expertos en Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud.
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