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Noventa minutos

Este fenómeno es extraordinario. Porque consigue lo que la política es incapaz de lograr: que millones de personas, distintas entre sí, griten al mismo tiempo, celebren juntas, se reconozcan parte de una misma comunidad.

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Alberto Castro Zawadski
Alberto Castro Zawadski | Foto: El País.

20 de jun de 2026, 01:30 a. m.

Actualizado el 20 de jun de 2026, 01:30 a. m.

Para los escasísimos ignorantes del fútbol, resulta incomprensible que alguien pague miles de dólares por asistir a un partido. No logramos asimilar el trance de los himnos, las contorsiones con los goles, los abrazos entre desconocidos ni el llanto casi suicida de una derrota. Nos impresiona que la FIFA se haya convertido en una organización con influencia planetaria y mueva billones. Seguimos sin captar la trascendencia de un grupo de hombres persiguiendo un balón durante noventa minutos.Y, sin embargo, el fenómeno es extraordinario. Porque consigue lo que la política es incapaz de lograr: que millones de personas, distintas entre sí, griten al mismo tiempo, celebren juntas, se reconozcan parte de una misma comunidad.

En Colombia hemos cavado una profunda zanja entre dos maneras de entender la sociedad. Están quienes creen que la libertad económica, la iniciativa privada y el mercado son los motores más eficaces para generar prosperidad. Y quienes consideran que un Estado fuerte debe orientar la economía para corregir desigualdades y garantizar derechos.Unos defienden la distribución del poder entre instituciones independientes; otros confían más en liderazgos capaces de acelerar transformaciones profundas. Unos creen que la propiedad privada es un pilar esencial de la libertad; otros sostienen que la redistribución es condición para la justicia social.

Son diferencias válidas en una democracia. Lo que nunca puede ser legítimo es la violencia. Ni las bombas, ni la intimidación, ni la idea de que quien pierde unas elecciones tiene derecho a incendiar el país. Ninguna causa política justifica convertir al adversario en enemigo ni reemplazar los votos por el miedo. Mañana los colombianos volveremos a discrepar. Votaremos distinto, discutiremos con vehemencia y seguiremos convencidos de que nuestra visión del país es la correcta. Pero quizá deberíamos recordar algo que el fútbol enseña mejor que la política: que se puede estar en equipos rivales pero se sigue jugando.

Cuando la Selección hace un gol, nadie pregunta por quién votó el que está al lado antes de abrazarlo.Tal vez Colombia comience a sanar el día en que descubramos que todos podemos usar la misma camiseta.Y que, aún después del pitazo final, podemos seguir jugando el mismo partido: el de construir un país en el que todos podamos vivir.

Médico oftalmólogo, especialista en cirugía vitreoretinal. Docente universitario, fue gestor y director de la Clínica de Oftalmología de Cali y es reconocido como pionero en Colombia en cirugía de catarata con lentes intraoculares y en retinopexia neumática.

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