Columnista
#NoAlPactoDeSilencio
El silencio de los poderosos ha sido históricamente el alimento de la impunidad en los casos de violencia sexual.
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1 de mar de 2026, 12:48 a. m.
Actualizado el 1 de mar de 2026, 04:24 p. m.
Lo que empezó como una preocupación compartida, que dio lugar a un intercambio de ideas y preguntas entre colegas, terminó convirtiéndose en una interpelación pública. La desclasificación de los archivos Epstein por parte del Departamento de Justicia de los Estados Unidos expuso una red global de explotación sexual de menores que alcanzó a figuras de relevancia mundial y abrió paso a preguntas incómodas, pero necesarias, en distintas esferas del poder.
En Colombia, la firma de 107 escritoras, periodistas y columnistas del manifiesto contra el pacto de silencio en torno al expresidente Andrés Pastrana y su relación con los archivos Epstein, así como el cuestionario de veinte preguntas formuladas al exjefe de Estado, responde al convencimiento de que la transparencia es un derecho legítimo. No obedece a un interés particular ni a un capricho, ni mucho menos implica complicidad o la intención de pasar por alto comportamientos inaceptables, vengan de la orilla que vengan.
Existe un deber fundamental en las democracias: a mayor ejercicio del poder, mayor debe ser el nivel de escrutinio. Cuando un expresidente aparece mencionado en archivos vinculados a investigaciones sobre redes de pederastia, una respuesta clara y contundente resulta necesaria. La explotación sexual de menores es un delito atroz y un problema real en un país donde, según cifras de Medicina Legal, se abusa de más de cincuenta menores al día, tal como lo recuerda el manifiesto: “Los derechos humanos de las mujeres y la prevalencia de los derechos de las niñas son conquistas históricas; protegerlos es un deber de obligatorio cumplimiento”.
La construcción de este ejercicio fue, en esencia, una labor de carpintería intelectual colectiva. Resultó revelador ver a mujeres admiradas por su brillantez y su coraje editando juntas, palabra a palabra, un texto que busca romper el pacto de silencio. La unión de voces logró un eco que el esfuerzo individual difícilmente habría alcanzado. Coincidir en una causa común, defendida desde las letras y la palabra, le otorga a esta exigencia una potencia simbólica y social indiscutible.
Preguntar sobre los viajes en el avión de Epstein, por la presencia de Ghislaine Maxwell en bases militares colombianas o por eventuales intermediaciones en reuniones con mandatarios extranjeros, entre otras, constituye una herramienta legítima de veeduría ciudadana. La respuesta del expresidente, al calificar el manifiesto como una “queja”, subestima la magnitud de los cuestionamientos y desconoce el deber de rendir cuentas ante la ciudadanía.
Todo lo ocurrido en torno a este esfuerzo colectivo demuestra que la movilización de las mujeres, cuando se articula con argumentos y valentía, es capaz de activar conversaciones urgentes que otrora parecían impensables. El silencio de los poderosos ha sido históricamente el alimento de la impunidad en los casos de violencia sexual. Dejar pasar, cuando existe tanto por aclarar, es inadmisible; como lo es también demeritar el derecho a cuestionar o, peor aún, trivializar o ignorar un asunto que no es menor.
Reconozco el valor de preguntar juntas, de quienes han hecho este manifiesto posible: desde quienes propiciaron el diálogo inicial hasta quienes redactaron cada pregunta con precisión. Cada una de las firmantes puso su nombre y su credibilidad al servicio de un propósito superior, desde sus posibilidades, sus territorios y sus trayectorias. Gracias también a quienes, desde distintos sectores, como el grupo de académicas que lo hizo público, han respaldado este llamado. La unión ha demostrado que la ética pública no tiene bando y que, ante las sombras, la verdad es el único camino aceptable para una sociedad que aspire a proteger a sus niñas y niños. #NoAlPactoDeSilencio.
@pagope

Comunicadora Social - Periodista y Docente de la Universidad Autónoma de Occidente. Caleñísima. Con 26 años de experiencia en una sala de redacción. Entiende el periodismo como una pasión, pero sobre todo, como una manera de transformar y servir a la sociedad. Ciudad, paz, género y niñez, los temas que le apasionan.
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