Columnista
Pecados en la democracia vallecaucana
Quedan las placas que recuerdan que tuvimos grandeza y gobernantes visionarios, quienes junto con los azucareros y los cafeteros construyeron un Valle ejemplar.
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1 de mar de 2026, 12:52 a. m.
Actualizado el 1 de mar de 2026, 12:52 a. m.
La atomización de los partidos políticos fuertes. La aparición de partidos políticos con escasa historia respondió a estrategias electorales en su momento, pero también a la carencia de coroneles fuertes que dieran la talla ante la ausencia de generales líderes de la estatura de Carlos Holguín, Rodrigo Lloreda, Gustavo Balcázar o Marino Renjifo.
La ausencia de nuevas generaciones empresariales en la primera línea de lo público. Tuvimos varias generaciones de gerentes exitosos en el sector privado que también lo fueron en lo público, designados por el Presidente de la República. Cuando llegó la elección popular, las nuevas generaciones no se le midieron a competir, con pocas excepciones. La política quedó entonces en manos de sargentos, muchos de ellos sin grandeza de propósitos y, en cambio, con apetitos personales insaciables.
La financiación de las campañas. El Valle no ha tenido la característica de construir fuertes fondos para estimular campañas políticas. Esas ‘natilleras’ son fuertes en Antioquia y ni se diga en la Costa, donde están acostumbrados a sustanciales desembolsos para fomentar la política, el deporte o los carnavales. Con la ausencia de grandes aportantes del sector privado, las campañas políticas se financian con apoyos de los contratistas y las mafias. El mecenazgo se reemplazó por apostadores e inversionistas.
La venta de cauda electoral. Muchos de los sargentos de la política regional terminaron vendiendo sus votos a senadores de otros departamentos. Si el sargento no ve perspectiva de ser general, opta por cambiar el logro ideológico y endosa su cauda a aspirantes al Senado de departamentos foráneos que no harán nada por el Valle, pero que seguramente sí beneficiarán sus bolsillos. Indignante condición.
La desigualdad como falsa bandera. ¿Cómo explicar que el departamento del Valle del Cauca, con mejores niveles de vida que otros departamentos, persista en el petrocepedismo como opción ganadora? La bandera que tantas veces enarbolamos con orgullo, la interconexión vial entre todos los municipios y entre estos y los principales corregimientos; el acceso a agua potable, a educación, a recreación como los parques de la Corporación para la Recreación Popular, las carreteras por concesión, el sistema de salud con hospitales líderes a nivel internacional como la Fundación Valle del Lili o Imbanaco, a los cuales acceden todos los sectores sociales, esas banderas se quedaron huérfanas de portadores.
Quedan las placas que recuerdan que tuvimos grandeza y gobernantes visionarios, quienes junto con los azucareros y los cafeteros construyeron un Valle ejemplar. Pero no, ante la ausencia de aquellos líderes y la excesiva modestia del empresariado para exhibir con orgullo su inmensa contribución social, la narrativa ahora está en manos de los mamertos: aquellos que les duele que haya empresarios triunfando porque la bandera de la desigualdad tiene muchos simpatizantes. Aquellos que tienen la frustración de no recibir el sostenimiento del Estado y que la envidia les carcome el alma, porque se quedaron en la teoría del desequilibrio económico, mientras otros, incluso de su mismo barrio, a base de estudio y esfuerzo lograron aprovechar las oportunidades que tiene el sistema.
A ese triunfador ahora le llaman ‘burguesito’, cuando no heredó nada, pero sí armó un consultorio, una empresa, una Fintech, pues entendió a tiempo que el problema no es la igualdad, sino que existan oportunidades para progresar.
Conclusión: votemos por gente buena, vallecaucana, decente. Empresarios: aporten a políticos decentes, hay muchos, y no teman a hablar de democracia y de estabilidad institucional al mismo tiempo que hacen responsabilidad social y filantropía.
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