Columnistas
La vida al servicio de los demás
Apenas terminado el proceso político de lucha por el poder, aparece un acontecimiento de la naturaleza que complica y aumenta los problemas de salud, hambre, trabajo, tierras, propiedad, entre otros.
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31 de ago de 2026, 01:16 a. m.
Actualizado el 31 de ago de 2026, 01:16 a. m.
Al expresar mi opinión, solo quiero poner a disposición ciertas reflexiones que ante los signos que se nos están dando últimamente, y siguiendo el pensamiento de un hombre bueno, así le llamaban a Juan XXIII, decía: “Aprendamos a leer qué nos quiere decir Dios en las señales que todos los días nos coloca, para que conozcamos el pensamiento del Creador”.
Veníamos de cuatro años de una tensión entre dos maneras muy definidas de concebir la organización del Estado y el ejercicio del Poder, que nos habían dividido y enfrentado, no solo en lo social cultural, sino en lo afectivo; llegó a dividir o por lo menos distanciar a la misma familia entre sí. Apenas terminado el proceso político de lucha por el poder, aparece un acontecimiento de la naturaleza que complica, no solo la situación de reconstrucción de la convivencia social, político y humana, sino que aumenta los problemas de salud, hambre, trabajo, tierras, propiedad; pero si esto no era suficiente para el espíritu humano y su sentimiento de seguridad y confianza, aparecen en ciertos lugares los incendios forestales, cuya causa, se piensa, no solo proviene de la misma situación de la naturaleza, sino de la intervención de manos criminales, en medio de una situación grave, el fenómeno de El Niño y la amenaza de la escasez del líquido que ayuda a controlar dicho fenómeno, aumentan la desesperación y la angustia del hombre.
Entrado en muchos interrogantes, para entender estas señales, partiendo desde el mismo hombre, nuestro ciudadano, para poder discernir, el qué hacer, cómo responder, para no perder en medio de tanto dolor, inseguridad, desconfianza, el sentido de la vida, la importancia del ser, su dignidad; miro lo que dice el libro Sagrado llamado Biblia y encuentro en el profeta Jeremías,17, 9-10 esto: “Engañoso es el corazón del hombre más que todas las cosas; ¿quién lo conocerá? Yo, El Señor, que escudriño la mente que pruebo el corazón”.
Es el momento en el cual no puedo dejar pasar lo que uno de los científicos más reconocido actualmente, director del Instituto del Genoma Humano, nos asombra con un argumento que pareciera contrariar el momento actual, cuando se trata de anular a la religión, o la presencia de Dios, en definitiva la fe, de la ciencia, dos polos completamente opuestos. El científico estadounidense reivindica la coexistencia dentro de una misma persona de las dos perspectivas con un argumento precisamente contrario: el tránsito del ateísmo a la fe, guiado de la mano de la razón y el progreso científico. Collins reconcilia lo que para muchos son dos polos completamente opuestos: la rigurosidad de la ciencia con la creencia en un Dios trascendente o la fe como elección enteramente racional con principios complementarios a los de la ciencia. una científica, la otra espiritual. Y en su presentación al mundo de sus estudios sobre el ADN, decía que el mejor instructivo sobre lo que era el hombre, tendríamos que pedírselo a Dios.
Grandes hombres de la ciencia, y hay muchos actualmente, como Collins, Craig Venter, Harol Varmus, en sus trabajos científicos en las nuevas técnicas de la vida, se aúnan a la frase de Eistein cuando afirmaba: “que una vida solamente dedicada a los demás, merece ser vivida”, nos recuerda entonces lo que la Madre Teresa de Calcuta, vivió y dijo: “Si su vida no está puesta al servicio de los demás, usted no sirve para vivir”.
En sus investigaciones ya de manera científica el médico Manuel Sans Segarra, sobre las experiencias cercanas a la muerte, nos lleva a pensar en lo que él llama supra conciencia, que es una realidad que se escapa al tiempo y al espacio en la persona y que podemos entender en la fe, como la presencia de Dios que invade al hombre y así podemos entonces entender lo que nos dice san Agustín: «Nos creaste para ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti».

Sacerdote, párroco en María Madre de la Iglesia en Vipasa y Prados del norte, fue director del Centro de Investigaciones de la Arquidiócesis de Cali, profesor de Teología en el Seminario Mayor San José de Panamá, y párroco en Buga y en Cúcuta. Escribe para El País desde 1999







