Columnistas
Piedra de tropiezo
La salvación no consiste en liberarse del yo, sino en entregar la vida entera al servicio de, ofrecer la propia existencia como culto auténtico dirá san Pablo en la segunda lectura de hoy.
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30 de ago de 2026, 12:54 a. m.
Actualizado el 30 de ago de 2026, 12:54 a. m.
El término griego “escándalo” significa piedra de tropiezo, trampa, obstáculo. El sentido va más allá de nuestra visión moralista y periodística en el campo social en el que lo usamos. El “programa de la misión de Jesús” escandaliza al mundo y a la Iglesia misma. Esta Iglesia que está compuesta por todos nosotros, personas que queremos huir lo más lejos posible del sufrimiento sea cual sea, en cabeza de su primer representante, Pedro, solo piensa humanamente, no como Dios. He ahí el tema central que escucharemos en este domingo 30 de agosto. Todas las religiones del mundo quieren evitar el sufrimiento; ‘Pare de sufrir’ es anuncio en muchas iglesias de garaje.
Pero la salvación no consiste en liberarse del yo, sino en entregar la vida entera al servicio de, ofrecer la propia existencia como culto auténtico dirá san Pablo en la segunda lectura de hoy. Sufrir es propio de nuestra condición limitada, finita, caduca. Los valientes y honestos que confrontan a los poderosos y se levantan contra toda ideología y todo abuso establecido, acaban torturados y eliminados. Los pobres que luchan por la justicia y se enfrentan a explotadores y abusadores del poder, padecen soledad y violencia que nunca acaba. Los limitados y maltratados que deciden afrontar sus traumas, sufren vergüenzas, incomprensiones y depresiones sin medida. Buscar el dolor por el dolor es enfermizo, lo llaman masoquismo los que estudian psicología.
El dolor, asumido sin fe, aniquila; el dolor, leído desde la fe, purifica. Tres veces anuncia Jesús su pasión a sus discípulos, no les oculta nada, los enfrenta a la dura realidad de la vida que se da, que se entrega hasta el final. Desde Jesús de Nazaret, “el siervo sufriente”, “el justo sufriente”, Dios asumió todo dolor y todo sufrimiento, terminó siendo víctima de la humanidad antes que imponerse desde arriba y dominar pisoteando la libertad humana. Jesús de Nazaret, plena manifestación de Dios, Resucitó, es decir, venció todo mal, todo dolor, toda muerte. El cristianismo es paradójico por esencia, anuncia que podemos hallar en la vida de perdición la salvación actuante, en las tinieblas la luz, en la debilidad la fuerza. Con razón cada ocho días, en la celebración de la Eucaristía, dice el sacerdote: Acuérdate, Señor, de tu Iglesia, extendida por toda la tierra y reunida aquí hoy domingo, día en que Cristo ha vencido la muerte y nos ha hecho partícipes de su vida inmortal. Ese es el culto verdadero, el culto razonable.
Mensaje escrito por el Arzobispo de Cali y sus obispos auxiliares para los lectores de El País.







