Columnistas
Dos países
La respuesta de la gente joven fue tan grande que los muchachos acuñaron un verbo nuevo: ‘voluntariar’.
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31 de ago de 2026, 01:11 a. m.
Actualizado el 31 de ago de 2026, 01:11 a. m.
Ninguna prueba es más dura para un pueblo que la que impone la naturaleza. El pasado 10 de agosto, un sismo de magnitud 7,4 con epicentro en San José del Palmar, Chocó, dejó cientos de muertos y miles de heridos en Cali, Pereira, Manizales, Armenia, Quibdó y vastas zonas rurales del departamento del Chocó. La tragedia se produjo apenas tres días después de la posesión del nuevo Gobierno.
Pero, gracias a Dios, Colombia demostró ser un Estado generoso. Y la sociedad, más todavía. La respuesta de la gente joven fue tan grande que los muchachos acuñaron un verbo nuevo: voluntariar”. En Pereira, jóvenes ajenos a los organismos de socorro dejaron sus ocupaciones para remover escombros con sus propias manos, en busca de sobrevivientes.
En Manizales, ochenta muchachos que prestan servicio en el Inpec llegaron por su cuenta a despejar las ruinas de un colegio. Y en el Chocó, un grupo bautizado Los Bárbaros se hizo famoso por descargar los camiones de ayuda en cadena humana y al son de la música, para que los bultos no se quedaran en el camino.
Hay, pues, un país muy activo, muy caritativo y resiliente. Un país que no esperó órdenes de nadie para armar plataformas ciudadanas, ollas comunitarias y zonas de acopio. Esa actitud ha dado la vuelta al mundo y le ha ganado a Colombia una imagen que no se compra con campañas publicitarias.
Y, sin embargo, por una de esas trampas insondables de la naturaleza humana, al mismo tiempo hay personas empeñadas en demostrar todo lo mala que la gente puede ser. Con el mayor desapego posible, mientras los jóvenes escarbaban entre las ruinas, los violentos siguieron en su oficio: drones con explosivos contra estaciones de Policía; ataques a pocos metros de escuelas con centenares de niños.
Lo más condenable es que todo apunta a que la ola de incendios que ha arrasado unas 22.000 hectáreas en el Tolima tiene detrás manos criminales. La Gobernadora cuenta con indicios serios de que hombres en motocicletas van incendiando el monte. El propio presidente Abelardo de la Espriella confirmó que el Gobierno corrobora esa evidencia. Es que no se trata de quemas agrícolas: el fuego nació en laderas donde nada se cultiva. Este es el segundo país, que debería erradicarse por completo para robustecer nuestra imagen republicana.
Todos, dentro y fuera del país, esperamos que sea la primera versión la que se imponga. Hace más de treinta años lo advirtió García Márquez: “Somos dos países a la vez: uno en el papel y otro en la realidad”. Los muchachos que salieron a “voluntariar” acaban de demostrar que el de la bondad, la empatía y la solidaridad debe ser el único país.
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Posdata: ¿A qué están jugando las grandes potencias? ¿Hay algo más cruel e insensato que la prolongación indefinida de la guerra entre Rusia y Ucrania, que va para cinco años entre mesas de negociación que no avanzan y bombardeos que no cesan? ¿Acaso olvidó la humanidad que esta guerra fue presentada por la Rusia de Putin como el escenario de una rápida victoria en cosa de unos pocos días? Ni qué decir de la guerra que Estados Unidos libra contra Irán desde febrero, con el estrecho de Ormuz y el precio del petróleo como rehenes. Cada semana el presidente Trump se despacha con unas amenazas catastróficas que no se han cumplido. Mientras las potencias juegan, los pueblos pagan y sufren.

Doctor en Jurisprudencia del Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario. Abogado en ejercicio. Colaborador de EL PAÍS desde hace 15 años.







