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La tusa que tenemos

Perdimos por penales y nos despedimos del Mundial, pero veintiséis muchachos nos hicieron vivir, otra vez, lo que se siente ser un solo país.

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Claudia Calero, presidenta de Asocaña, entregó un balance positivo de 2024 y habló de los retos de la agroindustria para 2025.

Foto: Juan Carlos Sierra-Revista Semana.
Claudia Calero, presidenta de Asocaña, entregó un balance positivo de 2024 y habló de los retos de la agroindustria para 2025. Foto: Juan Carlos Sierra-Revista Semana. | Foto: JUAN CARLOS SIERRA PARDO

11 de jul de 2026, 02:21 a. m.

Actualizado el 11 de jul de 2026, 02:21 a. m.

En Colombia seguimos con tusa. No hay otra palabra para calificar lo que sucedió en esa tarde del martes. Aquí hay que hacer claridad de que perder por penales no es perder porque el rival sea mejor. Dicho de otra manera, es como tirar una moneda al aire y que caiga del lado que no queríamos. Eso, por supuesto, duele, y nos hace sentir como si hubiéramos hecho algo mal.

Durante esas casi tres horas, no hubo un país dividido. No hubo noticias del empalme, ni trinos -uno que otro al que no se le puso cuidado-, ni tampoco debate sobre quién ganó las elecciones el 21 de junio. Los seguidores de todas las diferentes corrientes ideológicas estábamos frente a la misma pantalla, con la misma angustia, gritándole al televisor mil cosas como si los jugadores pudieran oírnos. Duró poco, pero durante ese partido Colombia fue, otra vez, un solo país.

Esa tristeza que nos invadió se sintió fuerte. El país se enmudeció y, para algunos, como yo, se acabó el interés en el Mundial. Pero hay un referente histórico: en 1950, Brasil perdió 2-1 contra Uruguay, jugando de local ante más de 200 mil espectadores en el Maracaná. Fue el célebre Maracanazo, que el escritor Nelson Rodrigues lo denominó ‘nuestra Hiroshima’: la única tragedia de la historia de Brasil sin un solo muerto, pero en la memoria colectiva.

Después de ese episodio, la selección brasileña nunca volvió a usar la camiseta blanca con la que jugó aquella final. Setenta y cinco años después, sigue siendo tema de libros y documentales. Por eso no es exagerado que estemos tristes. Si al país que más mundiales ha ganado, un solo partido lo marcó para siempre, con más razón se vale que nosotros nos sintamos así.

En contraste, hay casos que muestran que la tusa es compatible con el orgullo. Cabo Verde es un claro ejemplo. Este país de medio millón de habitantes jugó su primer Mundial de la historia, quedó invicto en la fase de grupos y llevó a tiempo extra a Argentina, el equipo de Messi, campeón del mundo. Las imágenes que vimos en redes y en televisión lo dijeron todo: cuando el avión de Cabo Verde aterrizó en Praia, miles de personas esperaban en la pista a su selección. No ganaron nada, pero el primer ministro los llamó ‘gigantes’. Volvieron a su país como héroes de todas formas.

Esa misma tusa, si la aterrizamos a nuestro suroccidente, tiene un consuelo con nombre propio. De los 26 convocados por Néstor Lorenzo, siete nacieron en Cauca y Valle del Cauca. Más de una cuarta parte de la selección. Yerry Mina, en Guachené; Dávinson Sánchez, en Caloto; Gustavo Puerta, la gran revelación del torneo, en La Victoria. Con ellos, Jefferson Lerma de El Cerrito; Johan Mojica, Juan Camilo Portilla y Jhon Lucumí, los tres nacidos en Cali, completan el aporte vallecaucano.

Guachené y Caloto son municipios de veinte mil habitantes, tierra de caña, y de ahí salieron dos de los defensores centrales de un equipo que llegó invicto hasta los octavos de un Mundial. Eso no es suerte; por el contrario, es la prueba de que el suroccidente tiene el talento para competirle a cualquiera.

La tristeza que tenemos hoy es legítima. Pero acá en el suroccidente, más allá del resultado del pasado martes, tenemos motivos de sobra para estar orgullosos. Pusimos una cuarta parte de la Selección Colombia sobre la cancha del Mundial de Fútbol 2026; también nos recordó que el país sabe unirse cuando quiere. Y… eso no nos lo quita nadie, ni tampoco se lo lleva ningún penal que se falló.

Perdimos por penales y nos despedimos del Mundial, pero veintiséis muchachos nos hicieron vivir, otra vez, lo que se siente ser un solo país. Si lo queremos… se puede.

Presidenta de Asocaña

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