Columnistas
La Trinidad, escuela de relación
En todo amor hay siempre tres realidades o sujetos: uno que ama, uno que es amado y el amor que les une.
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31 de may de 2026, 01:01 a. m.
Actualizado el 31 de may de 2026, 01:01 a. m.
Los cristianos creemos en la Trinidad. Algo nada fácil. Esta fe en la Trinidad es patrimonio solo del cristianismo, que preparado desde el Antiguo Testamento, comprende un poco mejor, con la enseñanza de Jesús, este maravilloso misterio, que decimos no deja de ser insondable
Creemos que Dios es trino ¡porque creemos que Dios es amor! Si Dios es amor debe amar a alguien. No existe un amor al vacío, sin dirigirlo a nadie. Y esta es He aquí la respuesta de la revelación cristiana: Dios es amor en sí mismo, antes del tiempo, porque desde siempre tiene en sí mismo un Hijo, el Verbo, a quien ama con amor infinito, que es el Espíritu Santo. En todo amor hay siempre tres realidades o sujetos: uno que ama, uno que es amado y el amor que les une. Allí donde Dios es concebido como poder absoluto, no existe necesidad de más personas, porque el poder puede ejercerlo uno solo; no así si Dios es concebido como amor absoluto.
La teología se ha servido del término naturaleza, o sustancia, para indicar en Dios la unidad, y del término persona para indicar la distinción. Por esto decimos que nuestro Dios es un Dios único en tres personas. La doctrina cristiana de la Trinidad no es un retroceso. Al contrario: es un paso adelante que sólo el propio Dios podía hacer que lo diera la mente humana.
La contemplación de la Trinidad puede tener un precioso impacto en nuestra vida humana. Es un misterio de relación. Las personas divinas son definidas por la teología «relaciones subsistentes». Significa que las personas divinas no tienen relaciones, sino que son relaciones. Los seres humanos tenemos relaciones, pero no nos agotamos en esas relaciones; existimos también fuera y sin ellas. No así el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
La felicidad y la infelicidad en la tierra dependen en gran medida de la calidad de nuestras relaciones. La Trinidad nos revela el secreto para tener relaciones bellas. Lo que hace libre y gratificante una relación es el amor en sus diferentes expresiones. Aquí se ve cuán importante es que se contemple a Dios ante todo como amor, no como poder: el amor dona, el poder domina. Lo que envenena una relación es querer dominar al otro, instrumentalizarlo, en vez de acogerle y entregarse.
El Dios cristiano es uno y trino. Ésta es, por lo tanto, asimismo la solemnidad de la unidad de Dios, no sólo de su trinidad. Los cristianos también creemos «en un solo Dios», sólo que la unidad en la que creemos no es una unidad de número, sino de naturaleza. Se parece más a la unidad de la familia que a la del individuo: es este un buen símil para acercarse un poco más a la comprensión de este misterio maravilloso de la Trinidad.
El Dios de la Biblia es «misericordioso y clemente, tardo a la cólera y rico en amor y fidelidad», como nos los enseña uno de los salmos. Éste es el rasgo que define más y mejor al Dios de la Biblia.
Mensaje escrito por el Arzobispo de Cali y sus obispos auxiliares para los lectores de El País.
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