Columnistas
El Petro que nos espera
No habremos conocido un expresidente más insoportable que Gustavo Petro, pues se bajará del pedestal de los expresidentes para ser un agitador político...
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26 de jul de 2026, 01:02 a. m.
Actualizado el 26 de jul de 2026, 01:02 a. m.
Los tiempos después del 7 de agosto serán para Gustavo Petro la cosecha de lo que sembró en su cuatrienio. En lo personal, y es a lo menos que quiero referirme, prevalecerán las acciones derivadas de su animadversión con el capitalismo, especialmente con Estados Unidos e Israel.
Lo más seguro es que continúe incluido en la lista OFAC con las desagradables consecuencias de quedar prácticamente fuera de las actividades comerciales, sin tarjetas de crédito ni acceso a servicios bancarios. Mientras se está en el gobierno, hay formas de cubrir esas carencias: los tiquetes aéreos, por ejemplo, son pagados por las entidades oficiales, pero al quedar por fuera, esas gabelas se hacen inviables.
Como dije inicialmente, no profundizaré en lo personal porque viene un camino pesado y no me alegro de las dificultades de los demás. Ni siquiera de las de Petro.
En lo político, en cambio, sí debemos tener ojo avizor. El discurso del 20 de julio ante el Congreso fue el prólogo de lo que nos espera. Petro, creyéndose muchas mentiras y algunas verdades, característica de los ególatras, pretenderá dirigir la oposición, nos tratará de convencer diariamente de que él ha sido el mejor presidente en la historia de Colombia, sacará sus cifras amañadas y procurará desvirtuar cada medida y acción que emprenda el gobierno de Abelardo de la Espriella. No habremos conocido un expresidente más insoportable que Gustavo Petro, pues se bajará del pedestal de los expresidentes para ser un agitador político tratando de ganarse un lugar en la galería de los héroes nacionales.
¿Cómo enfrentar a un sociópata viudo de poder, hábil orador, mentiroso profesional y envidioso por no ser huésped eterno de la Casa de Nariño? Lo primero es mermarle la importancia. No podemos ser caja de resonancia de cuanto disparate diga o haga. No ampliemos su delirio de grandeza.
Lo otro y más útil aún: su discurso del 20 de julio debe ser analizado con el propósito de aterrizar en la realidad cada logro y saber qué es cierto y qué no, para identificar de ese armamento dialéctico cuáles son balas de verdad y cuáles solo de salva.
¿Cuál es el efecto real en la inflación del alza del salario mínimo? Cuántos trabajadores realmente tuvieron ese beneficio pues Petro hábilmente oculta esta estadística para aparecer como el redentor de toda la clase obrera del país. En sus estadísticas de nuevos empleos, debemos demostrar cuántos de esos millones fueron burocracia oficial, auspiciada con el único fin de aumentar la votación por el Pacto. Si él destaca como gran logro la baja tasa de desempleo, debemos demostrar con otras estadísticas cuánto es el subempleo y el incremento de la informalidad, sin seguridad social.
Para referirse a la salud, le dedicó gran parte del discurso al indicador a la baja de bebés fallecidos antes del parto o en este . Astutamente, no informa del descenso impresionante de la tasa de natalidad en un país que envejece a pasos agigantados. Donde hay menos embarazos, lógicamente la mortalidad infantil cae. En cambio, ignora cifras de morbilidad, deterioro de los servicios médicos y suministro de medicamentos.
¿Quién creerá que los feminicidios están disminuyendo cuando son triste noticia diaria? ¿O que están falleciendo menos representantes de la Fuerza Pública? Y la cereza del pastel fue el incremento del 170% en la exportación de carros eléctricos, cuando solo se exportó en 2024 un bus a Perú y en 2025 otro bus a México.
Esta tarea de desnudar a Petro les correspondía a los opositores en sus discursos. Fueron veintejulieros cuando lo que se requerían eran estadísticas, “dato mata relato” es algo que deben aprender. De otra manera, Petro terminará haciendo que el país se ‘solle’ a la madrugada añorando un paraíso que nunca fue.






