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Guardados tóxicos

Monstruos engordados por el silencio, el tiempo y la distancia que, ocultos en el fondo del alma, siempre están acompañados por resentimientos inconfesables.

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Carlos E. Climent
Carlos E. Climent. | Foto: El País

22 de mar de 2026, 12:35 a. m.

Actualizado el 22 de mar de 2026, 12:35 a. m.

Con frecuencia, en las relaciones interpersonales, especialmente en las de familia, se presentan reclamos incomprensibles. Son generalmente exabruptos airados, salidos de tono, absurdos o agresivos. Hay un ‘mar de fondo’ del que nadie habla. Secretos a voces que no se han podido ventilar y que ninguna de las partes ha querido tocar, pero que están allí desde hace mucho rato. No se hace nada porque se teme que la discusión va a resultar desagradable y va a ahondar las diferencias. No se habla “para no ser conflictivo”. Así las cosas, el distanciamiento se hace crónico y cada vez más difícil de superar.

Pasada la crisis y cuando hay la tranquilidad para analizar lo ocurrido, el que recibió la andanada puede entender (o no) las razones de la reacción. Cuando se trata de asuntos menores, las cosas son más fáciles de ventilar. Por ejemplo, aquel que no brindó el apoyo en un momento esperado, olvidó un aniversario o incumplió una promesa, etcétera.

Los guardados mayores van desde comentarios descalificadores juzgados como graves o imperdonables, hasta acciones desleales o traicioneras, abusivas o vergonzosas. Son secretos pendientes. Monstruos engordados por el silencio, el tiempo y la distancia que, ocultos en el fondo del alma, siempre están acompañados por resentimientos inconfesables.

Guardado grande o pequeño que no se destapa, se crece. Cada persona tiene el suyo. Si bien la amistad, la familia o el matrimonio siguen, se crea una barrera cada vez más pesada entre las partes. Entonces la ira contenida, precipitada por el asunto más trivial, tiene que salir por algún lado y ocasiona inesperadas respuestas cargadas de emoción.

El grado de rencor de ambos guardados es distinto. Ambos deterioran la relación, pero el pequeño es susceptible de ser discutido y solucionado. El grande se suele enterrar, pero no se olvida y se convierte en un estorbo insuperable en la vida de las personas.

Lo recomendable al respecto de todos los guardados es abrir el tema a discusión con el objeto de aclarar responsabilidades sin dejar que pase demasiado tiempo.

Si el resentimiento generado por un guardado menor permite el desahogo, así no se llegue a una aclaración definitiva, se debe propiciar. Reconocer la molestia y estar abierto a escuchar la historia, da la oportunidad para digerir la rabia.

La discusión de los guardados mayores requiere no solo de una coincidencia de voluntades de ambas partes para pasar la página, sino de ciertas condiciones humanas que son indispensables para la interacción genuina entre las personas: afecto, valor, nobleza y generosidad.

El afecto es el requisito fundamental sin el cual ninguna relación prospera. El valor permite poner las cosas sobre la mesa, la nobleza lleva a la aceptación honesta de la propia responsabilidad y la generosidad concede la razón sin condicionamientos. Todos ellos en conjunto logran la reparación.

La ausencia de una o varias de esas condiciones explica la razón por la cual los guardados tóxicos se perpetúan.

Carlos E. Climent es médico de la Universidad del Valle y psiquiatra de la Universidad de Harvard. Durante30 años trabajó en el Departamento de Psiquiatría de la Universidad del Valle, y durante 20 se desempeñó como miembro del Panel de Expertos en Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud.

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