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Fascismo guerrillero

Sabíamos que para llegar al poder se hicieron pactos con delincuentes condenados.

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Alberto Castro Zawadski
Alberto Castro Zawadski | Foto: El País.

9 de may de 2026, 02:27 a. m.

Actualizado el 9 de may de 2026, 02:27 a. m.

Si algo caracteriza al fascismo es el uso de la violencia desde el estado contra grupos definidos por raza, ideología o conducta, según el criterio del Narciso al que, en mala hora, la sociedad decidió entregarle el mando.

Para Petro, los responsables de las matanzas en Cauca y Valle son ‘fascistas’. Pero conviene recordar el camino recorrido. Sabíamos que para llegar al poder se hicieron pactos con delincuentes condenados. Sabíamos que muchos recibieron beneficios, excarcelaciones, cargos e incluso protección estatal. Sabíamos que se debilitó la inteligencia militar, se descuidó la capacidad operativa y se desplazó a oficiales con experiencia. Sabíamos también de los gestos públicos de cercanía con criminales aún privados de la libertad. Y sabíamos —porque las cifras lo muestran— que la expansión del narcotráfico ha alcanzado niveles inéditos, con la inundación de dólares que tanto orgullo le generan.

Lo que no sabíamos era que el presidente estuviese en disposición de certificarlos como brazo armado de un estado fascista. Las mal llamadas disidencias operan hoy con una comodidad que desborda cualquier explicación retórica. No disienten de nadie: funcionan, más bien, como piezas activas de un engranaje que se fortalece en medio de la ambigüedad del poder. La mayoría de los mortales no alcanzamos a captar la creatividad de los camaradas, cuando manifiestan que todas las formas de lucha son válidas. Quien tenga todavía dudas de cuál es el camino trazado no es sino que revise las ‘decoraciones’ en Cali de la marcha del 1 de Mayo. Afiche con Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao quienes combinados generaron 140 millones de muertes. Esos son los héroes de quienes pintan las estaciones del MIO con “educación para el obrero, no al burgués,” un retoque fascista que define qué porción de la población no tiene derechos.

Ya lo escribió Dietrich Bonhoeffer antes de morir ahorcado en un campo de concentración nazi: la estupidez no es falta de inteligencia, sino la renuncia a la independencia. No es un defecto intelectual sino moral. Surge cuando se delega el criterio en un líder o en una causa que dicta cómo pensar y comportarse. La realidad no importa porque siempre hay una conspiración para explicar los horrores de la secta. Pudo Dietrich corroborar en su hora final que la estupidez es más peligrosa que la maldad.

Médico oftalmólogo, especialista en cirugía vitreoretinal. Docente universitario, fue gestor y director de la Clínica de Oftalmología de Cali y es reconocido como pionero en Colombia en cirugía de catarata con lentes intraoculares y en retinopexia neumática.

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