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El destino de un demonio

Daban por cierto que ganarían y nunca se vio tanta propaganda electoral y más gasto público, donde reinara, según es de dominio del pueblo, el “voto fusil”.

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Armando Barona Mesa. Columnista.
Armando Barona Mesa. Columnista. | Foto: El País.

26 de jun de 2026, 02:04 a. m.

Actualizado el 26 de jun de 2026, 02:04 a. m.

No fue fácil. Se luchó durante cuatro años contra todos los vicios de una democracia cansada y ultrajada, bajo un gobierno de oprobio y maldición. Se arruinó el presupuesto nacional con un gasto público abusivo, que no buscaba equilibrio y progreso sino la compra colectiva de votos con dádivas que ultrajaron las reglas republicanas del gasto público y desataron en cadena los efectos de una dictadura -que así lo fue-, en busca de la satisfacción del superego de un señor de pasado nefando, que había secuestrado y asesinado, como un guerrillero ululante, en medio de la locura del odio de clases y la revolución desbocada de un marxismo-leninismo trasnochado, pero conocido malamente por la historia reciente de unos pueblos que fueron desgraciados.

Ese personaje de grandes creencias en su propio ego, se llama Gustavo Petro Urrego; quien ahora pasará a otro tipo de vida, sin las adulaciones de unos súbditos que desfalcaron el erario público y se enseñoreaban oyendo los repetidos discursos sin alas, bajo las tropelías de un gritón que creía ser Dios y por supuesto no era más que un ángel maligno.

Se sintió él predestinado para generar el golpe al destino, corriendo como ahora se sabe, con la varita mágica de un discurso que en veces podía violar las buenas reglas del buen decir y del comportamiento humano, en otras pretender igualarse con los poderosos signados por el destino y girar contratos delictuosos con gentes fuera de la ley, quienes hacen de la violencia el único modo de levantarse de los devaneos acomodaticios del destino y enriquecerse.

Últimamente se ha destapado, con grabaciones, una negociación criminal con el llamado Clan del Golfo, al que, en contra de la ley, le entregaron territorios e impunidad y montones de oficiales del ejército fueron llamados a buen retiro, para que tales delincuentes pudieran crecer, como lo hicieron y enriquecerse, en los comienzos del gobierno Petro, cuando era Comisionado de Paz el señor Danilo Rueda. Igual cosa ocurrió y es conocida, con un bandido a quien llaman Calarcá y con muchos otros que hoy siguen sembrando el terror y enriqueciéndose. ¡Horror de horrores! alrededor de lo que se llamó La Paz Total.

Cuando el señor Petro no pudo perpetuarse él mismo, como aspiraba, lanzó de candidato al señor Iván Cepeda, viejo comunista camuflado, listo a iniciar la época marxista a la que volvería el señor Petro, según lo dijo, otros ocho años, que podrían ser veinte y hasta un siglo, cita que hice en una columna anterior. Daban por cierto que ganarían y nunca se vio tanta propaganda electoral y más gasto público, donde reinara, según es de dominio del pueblo, el “voto fusil”. Cepeda aspira a continuar con ese propósito, pero dudo que pueda llegar sin aquellos elementos de poder que le entregó su amigo Petro, hoy derrotado plenamente por unos trescientos mil votos, que no son una bicoca.

Lo que es un propósito de las grandes mayorías encabezadas por Abelardo de la Espriella, Presidente, y José Manuel Restrepo Abondano, Vicepresidente, es crear un estado austero, sin la búsqueda de votos para la vanidad y las ansias de poder. Tenemos confianza en el nuevo mandatario y sabemos que con nuestro concurso -el de todos- vamos a salir adelante.

La política es difícil y complicada, pero con buenas intenciones y conocimientos sirve para que los pueblos progresen, obtengan educación, vivan mejor y siembren un futuro razonable y justo. No con discursos gastados, montados sobre la irrealidad de una tribuna alimentada con tamales y lechona, sino trabajando con buena voluntad y honradez en busca de aquella estrella que un día los pastores de Jerusalén vieron alumbrar sobre los campos de la esperanza. Esta es la era de la Estrella que repite su camino en beneficio de la humanidad. ¡Que viva la honradez!.

ha desempeñado puestos públicos como juez del Circuito, Conjuez del Tribunal de Cali, Secretario de Gobierno de Cali y alcalde encargado, embajador de Colombia en Polonia y en la ONU. Ha sido delegado a varias conferencias internacionales como la OIT en Ginebra

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