Editorial
Cali no resiste más interinidad policial
La rotación de tres comandantes de Policía en menos de seis meses debilita la estrategia de seguridad en una ciudad que ya suma 128 homicidios en 2026.
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20 de feb de 2026, 02:25 a. m.
Actualizado el 20 de feb de 2026, 02:25 a. m.
Cali no puede seguir dando tumbos en un tema tan sensible como la seguridad. En menos de seis meses la ciudad ha tenido tres comandantes de la Policía Metropolitana, una inestabilidad que envía un mensaje preocupante en medio de un panorama que exige liderazgo, continuidad estratégica y conocimiento del territorio.
La seguridad no se improvisa ni se administra con encargos pasajeros, requiere diagnóstico, planeación y ejecución sostenida. Cada relevo en la Comandancia de la Policía Metropolitana de Cali implica ajustes internos, cambios de prioridades y, en muchos casos, ruptura en procesos que apenas comenzaban a consolidarse en la ciudad. En una capital tan compleja como Cali esto es grave, pues, para poner un ejemplo, el más reciente comandante, el general Edwin Urrego, solo duró mes y medio en el cargo y en la ciudad no estuvo presente más de quince días. Fue presentado a mitad de diciembre del 2025 y, cuando tuvo lugar la Feria de Cali, ya se encontraba por fuera de la capital vallecaucana.
Las estadísticas no dan margen para la indiferencia. Entre el 1 de enero y el 15 de febrero de 2026 se registraron 128 homicidios, exactamente la misma cifra que en el mismo periodo de 2025. Es decir, no hay reducción. A esto se suma la reciente desactivación de una amenaza de ataque terrorista y el hallazgo de tres partes de cuerpos desmembrados, hechos que estremecen a la ciudadanía y reflejan la crudeza de las dinámicas criminales que persisten.
Cali enfrenta estructuras delincuenciales con capacidad de reorganización, economías ilegales que se disputan territorios y fenómenos urbanos que requieren inteligencia, coordinación interinstitucional y presencia sostenida. Ninguna de esas tareas puede desarrollarse con eficacia si la cabeza de la institución cambia cada pocos meses, así desde adentro de la Policía lo nieguen.
La rotación constante debilita la moral interna, afecta la articulación con la Fiscalía General de la Nación, las autoridades locales y la comunidad, y retrasa la implementación de planes estratégicos. Cada comandante necesita tiempo para conocer a fondo las 22 comunas, entender los mapas del delito en la urbe y construir confianza con líderes sociales y autoridades civiles.
Por eso es urgente que el nuevo secretario de Seguridad del Distrito, Javier Garcés, y el alcalde de Cali, Alejandro Eder, eleven un llamado contundente al Gobierno Nacional para que se designe, cuanto antes, un nuevo comandante en propiedad para la Policía Metropolitana. No se trata solo de un nombre, sino de una apuesta por la estabilidad.
La ciudad necesita un comandante que permanezca, como mínimo, 18 meses en el cargo, el mismo tiempo que estuvo el general Germán Oviedo, ya que e periodo permitió consolidar líneas de trabajo, reducir los homicidios en el 2024 y dar continuidad a estrategias que no pueden evaluarse en cuestión de semanas.
Designar un mando con vocación de permanencia enviaría un mensaje claro a la ciudadanía y a los grupos criminales: que hay rumbo, que hay liderazgo y que existe un compromiso serio con la seguridad. La interinidad permanente, en cambio, proyecta fragilidad.
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