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Unirnos para no detenernos

En un año donde la política buscará acentuar lo que nos divide, nuestro acto de rebeldía más valioso debe ser enfocarnos en lo que nos une.

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Daniela Konietzko, Presidenta de la Fundación WWB Colombia
Daniela Konietzko, Presidenta de la Fundación WWB Colombia | Foto: Cortesía Fundación WWB Colombia

6 de feb de 2026, 01:44 a. m.

Actualizado el 6 de feb de 2026, 01:44 a. m.

En el comienzo del 2026 se siente una sensación de vértigo. No es solo el inicio de un nuevo calendario; es el comienzo de un año electoral que promete agitar los ánimos en Colombia, sumado a un contexto global donde las reglas del juego geopolítico y económico están cambiando con rapidez. Ante este escenario de ruido, polarización y reacomodo mundial, la tentación natural de las organizaciones y las familias es encerrarse: proteger lo propio, desconfiar y esperar a que pase la tormenta.

Sin embargo, aislarnos es el peor error que podemos cometer hoy.

Estamos agotados de intentar cambiar realidades complejas desde esfuerzos solitarios. La familia por su lado, la empresa privada blindando su operación, el Estado en su propia dinámica y el sector social luchando por recursos. El resultado de esta fragmentación es evidente: impactos limitados, duplicación de esfuerzos y una profunda sensación de frustración colectiva. En un año donde la política buscará acentuar lo que nos divide, nuestro acto de rebeldía más valioso debe ser enfocarnos en lo que nos une.

Para navegar esta incertidumbre, resulta iluminador el concepto que Mark Carney acuñó este enero en su discurso en Davos: el “realismo basado en valores”. Una idea poderosa porque reconcilia dos dimensiones que solemos tratar como opuestas: la necesidad de entender el mundo tal como es y la obligación ética de actuar conforme a lo que creemos justo.

El realismo nos dicta que el modelo del ‘llanero solitario’ es obsoleto. Ningún actor tiene, por sí solo, la capacidad de responder a los desafíos de este cambio de época: desigualdad persistente, exclusión financiera, desempleo juvenil, brechas de género, territorios históricamente olvidados. Aceptar esto no es debilidad, es sensatez. Y los valores son los que nos exigen superar el ego institucional: ese deseo de ser los ‘salvadores’, de que el proyecto lleve solo nuestro logo y de ignorar lo construido por otros para llevarnos el crédito. Si realmente creemos en la equidad, la dignidad y la justicia social, debemos estar dispuestos a compartir protagonismo en favor de mayor impacto.

La propuesta para este año es, entonces, pragmática: aplicar ese realismo para tejer. Unirnos y tejer alianzas, confianzas y propósitos comunes. Tejer entre sectores que históricamente han trabajado en paralelo. Tejer entre capacidades distintas que, bien articuladas, pueden multiplicar resultados.

Si ya existe una organización que conoce el territorio, no llegue a competirle; alíese. Si el gobierno tiene un programa andando, el sector privado debe entrar a potenciarlo con eficiencia técnica, innovación y sostenibilidad, no a duplicarlo. Si el mundo está revuelto, que nuestras redes de apoyo sean el polo a tierra. La colaboración no puede seguir siendo un discurso bonito: debe convertirse en una práctica cotidiana, estratégica y medible.

Apliquemos esta inteligencia colectiva a lo urgente: a la mujer rural que necesita acceso a crédito y acompañamiento para sostener su emprendimiento; al joven sin empleo que requiere oportunidades reales y formación pertinente; a las comunidades vulnerables que no pueden esperar a que se resuelvan los debates electorales o globales para comer o trabajar. Para ellos, la cooperación efectiva entre actores no es una consigna: es la diferencia entre avanzar o quedarse atrás.

Que el ruido de las urnas y la incertidumbre global no nos paralicen. Al contrario, que este sea el año donde entendamos que, en tiempos difíciles, la competencia debilita, pero la colaboración blinda. Que en este primer tramo del 2026 y en lo que viene impere el realismo basado en valores: donde no importe quién se lleva el crédito, sino cuán fuerte, diversa y sostenible es la red que logramos construir juntos y juntas.

Daniela Konietzko Calero, Presidente de la Fundación WWB Colombia.

Presidente de la Fundación WWB Colombia

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