Columnistas
Como el Imperio Romano
No era la libertad de acción del colombiano la que se había impuesto, era el mismo doblegamiento que venía demostrando la señora Delcy Rodríguez.
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6 de feb de 2026, 01:37 a. m.
Actualizado el 6 de feb de 2026, 01:37 a. m.
Ya se sabía. No era la magia de Petro la que estaba triunfando en Washington, sino que su rebeldía estaba doblegada. Sus palabras altaneras de la víspera, ya no existían, aunque se intentara dar la apariencia de que la astucia y la razón petrista habían vencido.
No era la libertad de acción del colombiano la que se había impuesto, era el mismo doblegamiento que venía demostrando la señora Delcy Rodríguez, que primero entrega a Maduro y después el petróleo venezolano, con un pacto según el cual la potencia norteamericana gobierna e impone, a pesar de unas fingidas apariencias. Y con esa misma jugada había caído Miguel Díaz-Caney y la Cuba de Fidel, que ayer envió a través de una junta directiva su mensaje de sumisión.
México así mismo se sometió con la señora Claudia Sheinbaum, quien igualmente aportó su petróleo y le agachó la cabeza al presidente gringo. Todos ellos se supeditaron al señor Donald Trump, como ya antes y sin aspaviento alguno, se había entregado el señor Lula da Silva de Brasil.
Eran los izquierdosos, que ya se habían entregado al ‘Imperio’. El método, por supuesto, viene del antiguo, vasto y poderoso Imperio Romano, en el que los otros gobernantes eran sometidos en busca del dinero y la sumisión, tal como ahora está ocurriendo.
Estas cosas fueron teniendo lugar en un silencio de resguardo. Ah, no es más que recordar el discurso enguayabado del 3 de febrero del señor Petro. Con la sonrisa aparente de quien se entrega con sus sentimientos narcisistas a una tribuna, pero conservando los efectos perturbadores de la noche anterior. Ocurrió en el antiguo hospital de San Juan de Dios. El señor Petro se ensañó en la palabra por varias horas, sin respeto alguno por la religión cristiana de este pueblo. Se atrevió a hablar abusivamente de un Jesús de Nazaret, parecido a él, en medio de mujeres de lecho y de caricias. Vaya arrogancia y desparpajo. Pero así ha sido y será el señor Petro hasta que la historia lo prive del mandato.
Ahora está en el campo de los seguidores de Trump y se siente autorizado hasta para pedirle a éste que intervenga con su amigo Daniel Noboa del Ecuador, para que le arregle los problemas que actualmente, con un sentido trumpista, nos ha creado al elevar los aranceles impuestos a Colombia a un treinta por ciento, siguiendo las huellas del mismo mandatario norteamericano.
Cierto es que Petro agachó la cabeza y dejó su parlería. En silencio se le dijo por parte de Trump cómo debía obrar en lo relativo al narcotráfico, creciente en Colombia, aunque él, Petro, lo niegue y sostenga que nadie nunca bajó el cultivo y la exportación de la droga a los niveles actuales, como lo ha hecho él. Entre tanto uno de sus beneficiados, el llamado Pipe Tuluá -hoy extraditado-, sostenga desde un tiempo atrás que él ‘compró’ la campaña con un dinero enorme que suministró al hermano del actual presidente y dice tener documentos que acreditan esa afirmación. Episodios que también han repetido los que participaron en el famoso ‘pacto de la Picota’.
Los peculados han sido muy grandes, no comparables con los del pasado. Los desgreños, falsedades, escándalos sexuales, sobre todo con el ministro Juan Carlos Florián, actor pornográfico, con quien pasó una noche en París, dizque leyendo el Capital de Marx. Ese mismo ministro que para expresar su sexo dijo abiertamente. “Yo soy la marica”. Y escándalo sexual en Panamá con un transexual y en París y Europa, tal como lo ha contado su excanciller Álvaro Leiva y el propio ministro Benedetti. Horror de horrores que nos ha tocado padecer, en medio de la mayor corrupción. Él, Petro, por supuesto se sentía antes igual a Bolívar, ahora a Jesucristo, a quien en la igualdad llama simplemente Jesús, sin que amerite llamarle Cristo.
El comunismo le sirvió para subir, con su discurso abierto y acomodaticio, que ahora lo baja de tono. Y muy seguramente terminará apoyando a Roy Barreras, el hombre ‘siempre listo’, como decía una antigua propaganda. Y muy seguramente dejará a Cepeda colgado de la brocha y sin andamio.
Cosas de la vida, siempre cambiando, aunque en verdad, como en la conocida obra de Giuseppe Tomaso di Lampedusa, El gatopardo, “hay que cambiarlo todo, para que todo siga igual”. Esto además porque, como lo advirtiera Oscar Wilde en la Importancia de llamarse Ernesto, lo que ahora sucede es por la importancia de llamarse Petro, el incorregible, pero el mismo que hoy sabe bajarle la cabeza al propio destino. Sobre todo si éste se llama Trump.

ha desempeñado puestos públicos como juez del Circuito, Conjuez del Tribunal de Cali, Secretario de Gobierno de Cali y alcalde encargado, embajador de Colombia en Polonia y en la ONU. Ha sido delegado a varias conferencias internacionales como la OIT en Ginebra
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