Columnista
El trombón celestial, gracias Willie…
Su ausencia me marca, así como su vida, sus notas y su pentagrama, marcaron mi camino.
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27 de feb de 2026, 01:15 a. m.
Actualizado el 27 de feb de 2026, 01:15 a. m.
Con lágrimas en los ojos, a pocos minutos de haber recibido la noticia de la partida del gran maestro Willie Colón, con el corazón empañado y lleno de nostalgia, recordando esas hermosas tonadas que compuso e interpretó este monstruo de la salsa mundial, hoy 21 de febrero -día en el que escribí estas líneas-, despido a uno de los más fieles, más queridos, respetados y honorables exponentes de ese género.
Cali llora y rinde tributo a uno de los protagonistas más importantes de su feria y de los super conciertos; uno de los más taquilleros, de los más queridos, de los más bailados y sonados en nuestro Valle del Cauca. Debe Cali toda ponerse de pie para aplaudir el honor y la gloria de un gigante como William Anthony Colón, El malo del Bronx. Estamos de luto los que amamos la música; la buena música, los colores, los sonidos y los olores del amor. Estamos de luto quienes encontramos en Willie Colón un referente, quienes soñamos algún día con sus canciones, quienes nos enamoramos con otras de sus obras, que quisimos ser como Willie Colón, porque era uno de mis ídolos y por eso lo lloro.
Hoy Willie ya hace parte del coro celestial, donde seguramente lo recibieron con aplausos y con una inmensa corte de honor, para que desde allá siga alegrando nuestros corazones, hoy empapados de nostalgia, para que oigamos su trombón eterno y sus bellas melodías que han acompañado nuestras etapas de la vida.
En mi caso, desde muy pequeño Willie Colón fue un modelo a seguir de la música mundial, de la salsa, el jazz y la producción. Ejemplo de cómo se debe respetar y honrar la música y el arte. Todo mi reconocimiento para el maestro Willie Colón. Su ausencia me marca, así como su vida, sus notas y su pentagrama marcaron mi camino, porque esos sonidos de violines que incluyó, su trombón, el slap marcado del bajo buscando colores en esas sugerencias seductoras que nos hacía de la música disco de los 70, pero sobre el patrón marcante, preciso y sonoro de la salsa, hacen de su música un deleite inigualable con un estilo absolutamente único y una imagen merecida y grandiosamente posicionada.
Colón fue el hombre detrás de la historia de éxito de muchos. Fue mentor de Héctor Lavoe y catapulta de Rubén Blades. Willie le puso un sonido propio a lo que venía de Cuba y África; se lo puso en South Bronx en Nueva York. Willie Colón marcó la vida de muchos salseros del planeta que hoy le deben casi todo a su generoso talento. Gracias grande, vuela alto.
Willie Colón es todo lo que está bien en el arte: talento natural desbordado, creatividad sin límite, sentimientos genuinos, calidad interpretativa, figura, estética y plástica musical, academia, rigor técnico y emoción desbocada… era una pluma prolija, versátil y generosa; tenía mucha clase.
‘El Malo del Bronx’ era uno de esos que llaman ‘tipos duros’. Y no porque fuera alguien de corazón insensible; por el contrario, solo personas con un corazón lleno de amor podrían escribir y deleitar al mundo con la música como lo hizo Wille. La vida le enseñó a los golpes y crecer en New York City en uno de los barrios más salvajes del planeta, siendo inmigrante, no es cosa menor. Es así como los grandes surgen y complacen a su público, y eso también lo escribió; para la muestra, un gran botón: Pedro Navaja, creación de su amigo panameño Blades, en la cual tuvo un protagonismo de gran factura y consideración.
Su disciplina y su deseo de excelencia, que sin duda logró en su fulgurante carrera -atiborrada de éxitos y colmada de aplausos y reconocimientos que hoy resuenan en el cielo-, lo llevaron a ocupar un lugar en el Olimpo de su género. Tomó distancia de algunos de sus colegas por razones de principios, paz mental y coherencia con la vida. Fue así como este crack se distanció de Héctor por su mal comportamiento y desórdenes derivados de su triste adicción y de Rubén, por un asunto de negocios y por comunista. Willie Colón encarnaba los valores cristianos, era un hombre recto en el obrar, probo y decidido y no transigía con sus posturas ideológicas conservadoras y derechas en favor de lo que debe entenderse como un buen propósito de vida en un Estado.
El maestro Colón fue una de las insignias de la Fania All Stars; combo al que aterrizó apenas a los 17 años y Jerry Masucci y Johnny Pacheco, que eran perros de presa cazando talentos, le echaron mano. Fue así como entró a esa comunidad pluricultural de artistas muy talentosos y con mucho que contar de sus vidas en las tablas; así mismo lo hizo y brilló en un medio muy complejo en el cual sobresalió desde el comienzo y se erigió como una de las más connotadas figuras de esa compañía artística global, al punto de terminar siendo su productor.
La integración del latin jazz, el bossa, el funk, el soul, el rhythm and blues y el disco dance sound, entre otras vertientes sexys de la música de Willie, hicieron de su sonido y su estilo un viaje muy característico, que brotaba de sus sentimientos más reprimidos y de los más espontáneos y públicos. Era hombre de suntuoso y exuberante sonar. Eres y serás Willie: el todo poderoso de la salsa.
Fue director de orquesta y big bands de solid brass, de salsa sinfónica, arreglista como pocos y un compositor sin competencia alguna; gran cantante y vientista. Fuente inagotable de arte e inspiración. Amado por muchos y odiado por algunos desdichados ignorantes.
Hoy le rindo mi más sentido y emotivo homenaje, con la garganta seca y rota de cantar los éxitos de un gran señor. Te llevaré siempre en el pentagrama de mi corazón, admirado y muy querido, maestro Willie. Gracias, artista, y que siga sonando tu trombón celestial por siempre…
Abrazo cálido. Seguimos trabajando. Falta poco.
@muiscabogado

Abogado bogotano de 48 años. Egresado de la Universidad Sergio Arboleda, especialista en Derecho Comercial y Financiero, DDHH y DIH. Asesor, consultor, litigante en asuntos de derecho público y privado desde hace 24 años. Defensor de Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario.
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