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Un asunto prioritario
Colombia no puede pretender simplemente volver al pasado. Es evidente que hay mucho por mejorar y esto se va a lograr si hay consensos sobre los asuntos prioritarios; no entenderlo es condenarnos a más años de retraso.
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13 de jun de 2026, 04:11 a. m.
Actualizado el 13 de jun de 2026, 04:11 a. m.
Las actitudes autoritarias e irresponsables de Petro con su insistencia de armar una narrativa perversa sobre la legitimidad de las elecciones han dejado en claro sus deseos de justificar de cualquier forma su permanencia en el poder. Los silencios de Cepeda sobre su participación descarada en el proceso electoral y sobre sus teorías conspirativas para desvirtuar los resultados dejan mucho que pensar y reiteran las preocupaciones acerca de hasta dónde piensa llegar Petro y su camarilla para imponer su modelo de gobierno.
Afortunadamente, esas instituciones de las que mucho nos quejamos han demostrado que son más sólidas de lo que parecen, si solo nos guiáramos por los escándalos que en ocasiones ocupan la atención de los colombianos. Es el Congreso, con las cortes y los jueces, los que han evitado muchos de los atropellos que Petro hubiera querido hacer. Claro que tienen mucho por mejorar, pero debemos sentirnos satisfechos de que en Colombia existe separación de poderes que controlan los abusos de una u otra rama y han evitado esas aspiraciones monárquicas que ha mostrado el actual mandatario.
Hoy, ante el certamen electoral en el que se definirá el futuro de Colombia para los próximos cuatro años, resulta imperioso defender a la Registraduría Nacional. Esta entidad ha realizado un trabajo impecable y ha dado ejemplo a propios y extraños sobre lo que debe ser la institución que esté a cargo del proceso electoral. A pesar de las amenazas y de la desinformación promovida por Petro, la primera vuelta se llevó a cabo con lujo de eficiencia e imparcialidad.
En las elecciones del 21 de junio es fundamental que la Registraduría vuelva a desempeñar su papel con la diligencia y eficacia que ha demostrado y se debe asegurar que están presentes todos los delegados internacionales y entidades dedicadas a la defensa de la democracia, además de representantes de gobiernos y congresos extranjeros, para que sean testigos del proceso y de los resultados. Lo más perjudicial para Colombia sería que tuviéramos unos resultados cuestionados que den pie para que Petro ponga en marcha sus argucias para permanecer en el poder.
Qué desperdicio el de la izquierda colombiana que hubiera podido aprovechar este gobierno que termina para poner en marcha cambios que requiere el país para reducir la desigualdad y proveer de bienes, servicios y oportunidades a muchos que hoy no lo tienen. En lugar de buscar consensos y trabajar unidos, como parecía iba a ser el enfoque al comienzo del gobierno, terminó fue destruyendo lo construido y promoviendo odios y resentimientos.
Colombia no puede pretender simplemente volver al pasado. Es evidente que hay mucho por mejorar y esto se va a lograr si hay consensos sobre los asuntos prioritarios; no entenderlo es condenarnos a más años de retraso. Eso solo se logrará si la democracia sale fortalecida y el nuevo gobierno gobierna para todos los colombianos.

Ingeniero industrial, Presidente de Asocaña por casi veinte años, consultor privado y miembro de múltiples juntas directivas en los sectores financiero, industrial, energético, servicios, educativo y de investigación. Escribe para El País hace más de veinte años.
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