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Peligro para la política

Y allí volví a temblar y a imaginar hasta donde podría llegar este asunto...

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Armando Barona Mesa. Columnista.
Armando Barona Mesa. Columnista. | Foto: El País.

24 de jul de 2026, 02:44 a. m.

Actualizado el 24 de jul de 2026, 02:44 a. m.

Sí, temblé. No obstante, ya no hago parte de cuadro alguno de política, sino que observo y comento. Temblé cuando hubo el rifirrafe entre el presidente electo, Abelardo de la Espriella, y el expresidente Álvaro Uribe Vélez, jefe natural del Centro Democrático, con mayorías individuales en el Congreso.

Aspiraba éste a que uno de sus senadores, Honorio Henríquez, fuera el próximo presidente del Senado. De la Espriella tenía otro candidato de apellido Deluque. Y no fue muy amable el breve diálogo entre el ex y el nuevo mandatario, quien respondió secante que no, que él ya había escogido a una persona.

Uribe oyó con sorpresa. Se mostraba muy suficiente quien había sido su candidato presidencial –de la Espriella-; y se despidió secamente del breve diálogo. Uribe se fue con la convicción de que si aquel era un Tigre, el grupo del Centro Democrático era como las abejitas africanas, trabajadoras, pero memoriosas de sus defensas y muy bravas por cierto. El Tigre no habló más del asunto y creyó que había derrotado a su antiguo amigo Uribe.

Sí, ante estas cosas, un poco aturdido y alicaído, recordé un viejo dicho español: “Mal comienza la semana aquel que ahorcan el lunes”. Y estuve un tanto alerta y amargado. Había yo votado con convicción por el señor Abelardo, después de haberlo hecho en primera vuelta por una mujer que admiro y quiero, por afectos que mantuve con su padre Ignacio y con su abuelo Guillermo León Valencia, acerca de lo cual he escrito otras veces.

¿Por Dios, qué va a pasar? Me dije con intranquilidad durante esos pocos días previos al 20 de Julio. Uribe, bien conocemos los colombianos, no es el hombre de opacar con un súbito bandazo de soberbia. Y así ocurrió, se fue desenvolviendo el asunto, aunque la gran generalidad del nuevo cuño entendía, comenzando con el próximo ministro de Gobierno, Rodrigo Lara Restrepo, que todo ya estaba decidido en favor del próximo presidente De la Espriella.

Volví a temblar, porque me parece que lo que había al fondo de todo este entablado era liquidar definitivamente al expresidente Uribe, fundador de su partido el Centro Democrático. Lo admiro desde mis tiempos de congresista y soy su amigo.

Empero el 20 de julio llegó, y la política, que a veces surge sola como un resultado previsto, mostró triunfante al candidato de Uribe Honorio Henríquez, acompañado por los propios seguidores de Petro con gran entusiasmo. Y allí volví a temblar y a imaginar hasta donde podría llegar este asunto.

Claro que me satisface un poco pensar en que las apariencias pueden conducirse de otra manera y obtener un resultado distinto. Esa, sin duda alguna, ha sido la política. Sócrates se enamoró de la mujer de Pericles, Aspacia de Mileto, e hizo parte de su círculo intelectual, no cautivado por su belleza -que sí la tenía- sino por su cerebro prodigioso y su retórica.

El asunto es que De la Espriella, de inmediato, mandó un comunicado diciendo que él nada tenía que ver con esa escogencia, que estaba bien venido el señor Honorio Henríquez y que él respetaba la institucionalidad del Congreso. El nuevo presidente del Senado respondió conforme al pensamiento de Álvaro Uribe y a un sentido de patriotismo no rebuscado. Y allí andan las cosas.

Petro, abusivo, trata de impedir que De La Espriella se posesione ante una guarnición militar, seguramente en Popayán. Está en juego su vida, como es conocido por el propio Petro, que también insultó premortem a Miguel Uribe Turbay. Y tal vez intenta olvidarse que el 7 de agosto ya es un particular cualquiera y no puede dar órdenes a los militares, a los que ha humillado y debilitado en busca de fortalecer a sus aliados en armas como el tal alias Calarcá, tal como se conoce con documentos indudables.

Ignoramos cómo va a ser el nuevo gobierno. Es posible que el mandatario se olvide de algunas cosas. Es humano errar. El Valle del Cauca y sus dirigentes no le suenan para nada, pero eso en realidad no importa, aunque sin duda alguna es un error. Tampoco es válido que se traslade a gobernar desde las provincias, pues la capital es y ha sido Santafé de Bogotá, nombre que sintetizó el propio Bolívar. Ah, y tampoco es bueno que utilice el verbo destripar, que merece el rechazo de todos y tiene semejanzas con aquel Bukele de muertos y odios.

Gobierne, señor Presidente electo, pero sin evocar a los bárbaros criminales que matan y mantienen una violencia activa. Votamos con fe por usted y esperamos que los hechos nos den la razón y salvemos la patria.

Sí, el hombre siempre tiene que estar corrigiendo su conducta y, aun así, se equivoca. Pero sepa el nuevo jefe del Ejecutivo que lo respaldamos, así no nos partícipe de su administración ni con mujeres o con hombres vallecaucanos. Lo seguimos y apoyamos, aunque no seamos masoquistas.

ha desempeñado puestos públicos como juez del Circuito, Conjuez del Tribunal de Cali, Secretario de Gobierno de Cali y alcalde encargado, embajador de Colombia en Polonia y en la ONU. Ha sido delegado a varias conferencias internacionales como la OIT en Ginebra

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