Columnistas
Oda a la lluvia
La lluvia nos conecta con nuestras emociones más profundas. Es el refugio perfecto para la nostalgia, ideal para escuchar buena música, leer o simplemente dejar que los pensamientos fluyan
Siga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias


29 de jun de 2026, 01:33 a. m.
Actualizado el 29 de jun de 2026, 01:33 a. m.
Creo que nací un día de lluvia inclemente, entre rayos y centellas. Luego de que cesó el aguacero, llegó una tranquilidad silenciosa y emotiva. Quizá por eso recuerdo con cariño y nostalgia la lluvia.
Cuando era niño, llovía en mi pueblo y para nosotros, los muchachos de la cuadra y del barrio, era toda una fiesta. Junto con mis hermanas y amigos, nos refugiábamos en casas con techos de zinc, donde se escuchaba el inconfundible sonido de la lluvia cayendo a borbotones. Después corríamos por las calles anegadas, convertidas en improvisados ríos. Era tan intensa la lluvia que apenas podíamos distinguir a los amigos que nos acompañaban en aquella aventura acuática.
A esos fuertes aguaceros los llamábamos, sencillamente, ‘aguaceros’. Mientras tanto, mi madre y mi abuela salían a buscarnos para regañarnos y nos amenazaban con chancleta en mano si no regresábamos rápidamente a casa para pasar allí la tormenta. Nosotros, sin hacer mucho caso, cantábamos al unísono una canción muy popular de la época, interpretada por Guillermo Buitrago y su conjunto:
“El aguacero que está cayendo, negrita linda, ya me tiene loco; con ese frío que me está matando y el aguardiente queda ya muy poco. Ábrame la puerta, mi negra, que me estoy mojando; no aguanto más este aguacero, me estoy congelando”.
La lluvia nos conecta con nuestras emociones más profundas. Es el refugio perfecto para la nostalgia, ideal para escuchar buena música, leer o simplemente dejar que los pensamientos fluyan al ritmo de las gotas que golpean los techos y las ventanas.
Para muchos, la lluvia también se asocia con la melancolía y la soledad. A menudo hemos sentido cierta tristeza en los días lluviosos. Es posible que nuestro cerebro vincule esos momentos con recuerdos irrepetibles de la infancia, reforzando emociones que permanecen vivas a través del tiempo.
La lluvia ha sido una gran musa para la música. Basta recordar el inolvidable bolero de Armando Manzanero: “Esta tarde vi llover, vi gente correr y no estabas tú”. También la canción ‘Gotas de lluvia’, del grupo Grupo Niche, que dice: “Gotas de lluvia, no es el rocío; lágrimas que vienen del corazón”.
Otra canción emblemática es ‘Ojalá que llueva café’, del maestro Juan Luis Guerra, un merengue legendario que utiliza la lluvia como metáfora de abundancia y prosperidad. También está ‘La gata bajo la lluvia’, inmortalizada por Rocío Dúrcal, una canción cargada de resignación y desamor. Y, especialmente en Cali, resuena la legendaria salsa ‘Lluvia con nieve’, interpretada por Mon Rivera.
Desde el punto de vista científico, la lluvia es una forma de precipitación hidrológica compuesta por gotas de agua líquida. Es fundamental para el ciclo del agua, pues recarga acuíferos y embalses, regula la temperatura ambiental y contribuye a limpiar la atmósfera.
Cuando la lluvia cae sobre la tierra, una parte se infiltra en el suelo y otra se convierte en escorrentía que alimenta ríos, quebradas y lagos. Es, en esencia, el latido permanente del ciclo del agua. Se trata de un fenómeno vital que nutre los ecosistemas y favorece el equilibrio ambiental.
Desde la psicología, el sonido de las gotas al caer sobre las hojas o el suelo puede ayudar a reducir el estrés, favorecer la relajación y estimular la creatividad. La lluvia da vida, pero también puede causar daños cuando es excesiva. Las precipitaciones intensas aumentan el riesgo de erosión y de deslizamientos de tierra en zonas de ladera. En las ciudades, el exceso de asfalto impide que el agua sea absorbida adecuadamente, provocando inundaciones y pérdidas materiales.
Sin embargo, la lluvia sigue siendo, en muchas ocasiones, un bálsamo para el dolor y la tristeza. Como dice una hermosa reflexión: “Deja que la lluvia se lleve todas las preocupaciones; a veces, la lluvia es la mejor banda sonora para el alma”.
Y otra frase que resume la lealtad y la compañía incondicional:
“Pase lo que pase, llueva, truene o relampaguee, ahí estaré contigo”.

Cirujano urólogo, docente universitario, escritor y columnista. Fue director del servicio de urología en el Valle del Cauca por 25 años y también fue director de la Clínica Rafael Uribe.
6024455000




