Columnistas
El entierro sin gloria de la paz total
La sangre, las violaciones, los desplazamientos, el reclutamiento forzado, las amenazas, los secuestros y extorsiones consentidos a la sombra de la paz total, parecen haber enterrado sin gloria la posibilidad de una solución negociada del conflicto interno.
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29 de jun de 2026, 01:28 a. m.
Actualizado el 29 de jun de 2026, 01:28 a. m.
El modelo de paz total adoptado por el presidente Petro nos puso al borde de la guerra generalizada. Un libro del investigador Eduardo Pizarro titulado ‘El Fracaso de la Paz Total’, analiza aquel propósito y da elementos para entender su génesis y su evolución, así como las perspectivas de una paz negociada en nuestro país.
La iniciativa infructuosa pretendió adelantar negociaciones simultáneas con nueve organizaciones de alzados en armas, algunas surgidas del fundamentalismo político de izquierda y otras dedicadas a la delincuencia común. Unas y otras partícipes de la explotación de rentas provenientes del narcotráfico, la minería criminal y la extracción de tierras raras como el coltán.
Pizarro señala entre las causas del fracaso la falta de prioridades y la improvisación en el proceso. Sobre este particular pone como ejemplo la imposibilidad de llegar a algún consenso con los clanes mafiosos, habida cuenta de la carencia de una ley, de un marco normativo apropiado que habilitara el sometimiento. También atribuye el naufragio a la realidad existente tras el acuerdo de paz con Farc, ya que tras la firma se debilitaron las fuerzas armadas, decayó el control sobre territorios y fronteras, y declinó la aspersión de los narcocultivos.
Las preguntas que cabe formularse ante el fracaso de la paz total son obvias: ¿Por qué razón el gobierno Petro persistió en un camino que significaba zozobra e inseguridad desbordadas, y no tenía posibilidad de llegar a feliz término? ¿Qué motivos tan poderosos asistieron al gobierno para que en la negociación se pusieran en juego la continuidad de los mejores oficiales de ejército y policía, la inteligencia del Estado y la capacidad operativa de la fuerza pública? ¿Se convirtió la paz total en instrumento para que el régimen actual se proyectara en el tiempo?
Hay razones para pensar que la continuidad de una paz fracasada servía a la agenda oficial y recojo comentarios que circulan al respecto:
1- Según indica un estudio elaborado por dos importantes investigadores antioqueños, en el contexto de la paz total se produjo la expansión exponencial de las rentas asociadas al narcotráfico. Estas superarían anualmente los dieciséis mil millones de dólares, procedentes de la comercialización de unas tres mil toneladas de droga. El punto es que en los sectores de opinión crece la idea de que el aumento de esos recursos, antes que preocupar, contó con una benevolente mirada oficial. Los dólares provenientes del que ahora pareciera nuestro principal producto de exportación fluyeron y se sumaron al gasto público sin control para apuntalar una narrativa irreal de éxito macroeconómico. Un discurso que insistía en ocultar un déficit fiscal insostenible, la disminución del ahorro y de la inversión tanto local como extranjera, el endeudamiento de la Nación a niveles y costos antes nunca vistos, el descuaderne de nuestra balanza comercial y el despiporre de Ecopetrol.
2- La llamada paz total impulsada por el gobierno creó también condiciones para que las bandas criminales y los alzados en armas pudieran actuar como fuerza electoral en las zonas sometidas a su control. Esos actores habían comprendido que, para seguir la fiesta, les tocaba patrocinar al candidato del continuismo, el comprometido con un estado de cosas que les ha permitido actuar sin molestas persecuciones. Surgió así el sufragio forzado, lo que algunos llaman ‘voto fúsil’. En municipios del Chocó, Cauca, Nariño, Putumayo y otros departamentos donde los violentos son autoridad, hubo numerosas mesas de votación cuyos atemorizados sufragantes, sin excepción alguna, se decantaron por el aspirante oficial.
La sangre, las violaciones, los desplazamientos, el reclutamiento forzado, las amenazas, los secuestros y extorsiones consentidos a la sombra de la paz total, parecen haber enterrado sin gloria la posibilidad de una solución negociada del conflicto interno. Este desenlace se produjo por la arrogancia y falta de realismo de los combatientes llamados a beneficiarse; por la condescendencia interesada del gobierno del cambio y por la indiferencia del autodenominado progresismo y los partidos que lo representan. Antes de que los abusos llevaran al fracaso del experimento, tales agrupaciones habrían podido exigir al gobernante de sus afectos que estableciera parámetros y regulaciones propicios para hacer que la iniciativa, en vez de significar más frustración, se convirtiera en solución verdadera.
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