Columnistas
Lucha contra la pobreza y las elecciones
Todos anhelamos paz y seguridad, soñamos con que desaparezca la corrupción, tememos a los estallidos sociales y quisiéramos que la economía creciera más.
Siga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias


20 de jun de 2026, 11:45 p. m.
Actualizado el 20 de jun de 2026, 11:45 p. m.
Es difícil elegir un tema para esta columna la víspera de las elecciones presidenciales más polarizadas de la historia reciente, en las que no se han podido debatir a fondo los problemas más importantes que enfrentará el próximo presidente, cualquiera que sea.
Por ejemplo, en medio del ruido de la campaña presidencial hay una noticia que debería ocupar el centro del debate nacional, pero que apenas ha recibido atención: Colombia ha logrado avances sociales que hace apenas unos años parecían inalcanzables, registrando los niveles más bajos de pobreza y desigualdad de su historia.
Las cifras son contundentes. El número de personas en situación de pobreza monetaria cayó de 31,8 % a 28 % en 2025, el más bajo de toda la historia del país y muy por debajo del nivel alcanzado antes de la pandemia, que era el 36,5 %. También el número de quienes viven en la miseria o pobreza extrema cayó a 9,6 %, mientras que el año pasado era 11,7 % y 12 % en 2019.
Un avance aún mayor muestra el indicador de pobreza multidimensional, que mide los hogares con carencias en educación, salud, vivienda, empleo y acceso a servicios públicos; descendió a 9,9 %, mientras que antes de la pandemia era 17,7 %. Además, el coeficiente de Gini, la medida más utilizada para evaluar la desigualdad, se redujo de 0,551 a 0,531.
Estos no son números fríos. Son 5,2 millones de colombianos que han salido de la pobreza en este gobierno, y 1,8 millones que ya no viven en la miseria y ahora tienen por lo menos para comer. Este debería ser un criterio primordial para la evaluación de cualquier gobierno.
Es un gran avance, pero falta mucho. Todavía hay 14,5 millones de compatriotas que no tienen lo suficiente para una vida digna y 5 millones que viven en la miseria. La mejora de las condiciones de vida de toda la población y la construcción de una Colombia menos desigual deben ser el objetivo prioritario y principal de cualquier gobierno. Todos los demás pueden ser importantes, pero son solo objetivos intermedios, instrumentos necesarios para el bien-estar de los colombianos.
Una sociedad es exitosa cuando tiene la capacidad de ofrecer oportunidades a quienes nacen con menos ventajas y por la posibilidad real de que cada generación viva mejor que la anterior.
Todos anhelamos paz y seguridad, soñamos con que desaparezca la corrupción, tememos a los estallidos sociales y quisiéramos que la economía creciera más. La reducción de la pobreza requiere todas estas condiciones, pero también es cierto que para lograrlas es indispensable que haya paz social, la cual requiere dos condiciones: primera, que el presidente gobierne para todos los colombianos y no quiera exterminar a la oposición; y segundo, que se mejore la situación de todos, especialmente de los más vulnerables, y disminuyan las enormes desigualdades del país.
El próximo gobierno tiene la responsabilidad de evitar que estos avances se conviertan en una victoria pasajera. La historia muestra que las crisis económicas suelen golpear con mayor fuerza a los hogares vulnerables y pueden revertir los progresos alcanzados. Continuar reduciendo la pobreza exige preservar la estabilidad macroeconómica, recuperar la inversión privada, mejorar la calidad de la educación, fortalecer la generación de empleo formal y garantizar que los programas sociales lleguen a quienes más los necesitan. Por eso es indispensable un acuerdo nacional y el pacto fiscal que he analizado en estas columnas.
6024455000






