Columnista
Los narcisistas
Son seductores, mentirosos, disimulados, convincentes, intimidantes y manipuladores.
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1 de feb de 2026, 12:06 a. m.
Actualizado el 1 de feb de 2026, 12:06 a. m.
Hace más de una década escribí ‘La locura lúcida’ (1), con el propósito de ayudar a quienes son víctimas de las personas con trastornos severos del carácter. Los narcisistas (frecuentemente reforzados con rasgos sociopáticos) son capaces de encubrir con maestría su condición, pasan desapercibidos por años y hacen mucho daño a sus más cercanos. Otra característica de estos personajes es su habilidad para elegir a sus víctimas favoritas, los ingenuos, a quienes invariablemente encuentran en todos los caminos de la vida.
Narcisistas y sociópatas no sufren, son capaces de negarlo todo, y son unos maestros para fingir y ocultar por años su verdadera naturaleza ventajista. Los preponderantemente narcisistas no quieren a nadie y tienen una sensación sobrevalorada de su propia importancia. Son arrogantes y, si los dejan, se aprovechan de los demás. Viven obsesionados con sus fantasías de éxito. Se sienten especiales. Exigen admiración excesiva y se creen con derecho a las cosas sin merecerlas.
Los sociópatas no experimentan sentimientos de culpa y con gran facilidad responsabilizan a otros por los problemas que ellos ocasionan. Son seductores, mentirosos, disimulados, convincentes, intimidantes y manipuladores. Además, son insensibles a las necesidades de los demás. Cuando las características de uno y otro trastorno se suman, las consecuencias para las víctimas son devastadoras.
Ilustrar a las víctimas de estos depredadores para que se vuelvan expertas en identificarlos, para que entiendan que nunca aceptan responsabilidad de sus actos y para ayudarlas a que se protejan, ha sido uno de los grandes retos de mi trabajo como psiquiatra.
Una vida plena y en paz solo es posible si se los identifica y se logra poner distancia, circunstancia que es siempre difícil por el disimulo de sus acciones y porque requiere de información detallada que debe provenir de informantes idóneos decididos, que se atrevan a ver y aceptar los hechos y a hablar con claridad. Como estos personajes son extremadamente hábiles para engañar, suelen escapar los radares de médicos y especialistas.
Quienes caen más fácilmente en la trampa de su seducción son los asustados que se niegan a ver la realidad, con lo cual se debilitan frente a quien por mucho tiempo los ha manipulado. Los inocentes allegados no ven ni sus malas intenciones ni su frialdad ni su enorme habilidad para hacerlos sentir culpables. Incluso cuando han sufrido por años, no ven con claridad los hechos y terminan justificando sus comportamientos.
Una de las razones de la tolerancia extrema es la ceguera o el silencio que han impedido hacer el diagnóstico. Esta conformidad incluye a los familiares que han visto conductas que les han molestado, pero han callado.
El proceso de liberación se inicia con la identificación del depredador. El paso siguiente es desnudar todas y cada una de sus acciones, con lo cual se logra un blindaje contra sus manipulaciones. Una visión clara y objetiva de los abusos fortalece a la víctima, disminuye su miedo y permite rechazar absurdos sentimientos de culpa. Una cuidadosa estrategia defensiva se lleva a cabo entre la víctima fortalecida y los miembros sanos de la familia que finalmente decidieron hablar con claridad.
(1) Panamericana Editorial 2014

Carlos E. Climent es médico de la Universidad del Valle y psiquiatra de la Universidad de Harvard. Durante30 años trabajó en el Departamento de Psiquiatría de la Universidad del Valle, y durante 20 se desempeñó como miembro del Panel de Expertos en Salud Mental de la Organización Mundial de la Salud.
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