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La ilusión tecnocrática

También hay que entender que el progreso no es una ganancia individual, sino un pacto con los vecinos, siempre expuesto a acuerdos amañados y saboteos.

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Álvaro Benedetti
Álvaro Benedetti | Foto: El País

21 de sept de 2026, 01:37 a. m.

Actualizado el 21 de sept de 2026, 01:37 a. m.

Cuando William Easterly publicó La tiranía de los expertos en 2014, el debate sacudió los círculos del desarrollo y cambió por completo mi forma de pensar. Aquella lectura no me convenció de inmediato, pero me obligó a cuestionar una certeza que arrastraba desde mis inicios profesionales y que daba por sentada la capacidad de un buen diagnóstico técnico para cambiar el destino de un territorio.

Lo traigo a cuento porque el país acaba de estrenar un gabinete que buena parte de los analistas hemos descrito como más técnico que político, con perfiles muy fuertes en casi todas las áreas. Es un movimiento que conviene recibir con prudencia en medio de tantas catástrofes, pues la urgencia no da tregua para aprendizajes lentos y obliga a exigir, desde ya, resultados concretos y verificables.

Easterly advirtió que la economía del desarrollo, esa ciencia de por qué unos países avanzan y otros no, terminó justificando el autoritarismo, la promesa de que un gobierno de mano dura con asesores crece más rápido que una democracia con derechos. Esa tesis se queda corta en América Latina, donde el fracaso tuvo dos caras: por un lado, una tecnocracia que importó modelos extranjeros sin mirar la realidad local; por el otro, la corriente que prefirió no medir nada, cambiando las estadísticas por discursos para no parecer insensible.

Reconozco que a veces tienta creer que el indicador correcto resuelve lo que la política ha dejado enredado. Pero esa ilusión se cae al sentarse en una mesa regional, donde el dato más exacto no convence a nadie si no habla con lo que la comunidad espera. Por eso en 101 Indicadores de Impacto propuse una alternativa, una tecnocracia que mida para aprender y nunca para vigilar, entendiendo que la legitimidad que nace de los votos también se sostiene, durante el gobierno, en la evidencia que respalda sus decisiones.

Ese acuerdo empieza al definir juntos las reglas para juzgar si algo funcionó, uniendo los mínimos innegociables que el país ya prometió garantizar por ley, como los derechos sociales o la infraestructura, con las expectativas reales de la gente que habitará el resultado y no de quienes diseñan desde la comodidad de un escritorio; solo cuando ambas miradas se encuentran, nace un pacto capaz de sostenerse en la realidad.

También hay que entender que el progreso no es una ganancia individual, sino un pacto con los vecinos, siempre expuesto a acuerdos amañados y saboteos. Ese diálogo, lejos de traicionar el rigor técnico, lo completa. En el Pacífico se nota el costo de no entenderlo, con consultas previas congeladas por años en un país que, según el viceministro de Minas, concentra el 85 por ciento de estos procesos en el continente. Ahí está la oportunidad, no es acelerar u omitir el trámite, es construir por fin un lenguaje que las dos partes puedan llamar propio.

Reinventar la tecnocracia en nuestra región no significa sumar más expertos, sino cambiar el método con el que se gobierna, una diferencia vital que marca la frontera entre ministerios que acumulan hojas de vida brillantes y equipos dedicados, desde el primer día, a construir los indicadores que permitan corregir el rumbo antes de que el costo social sea irreversible.

Ese método se pone a prueba en nuestra transición nacional. Con el gabinete apurado por las circunstancias del desastre, la incertidumbre que me asiste no es su buena intención, es si construirá a tiempo la capacidad de aprender del país mientras gobierna. El reto exige diseñar indicadores con sensibilidad territorial, capaces de ajustar el curso a tiempo. Solo así la técnica servirá a las regiones, en vez de volver a servirse de ellas.

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Claridades: Celebro que el Gobierno salga a buscar capital en Nueva York y en el resto del mundo. Pero la plata no llega solo con buenas historias: llega cuando un país demuestra, con hechos, que merece crédito.

*Consultor internacional

Consultor internacional, estructurador de proyectos y líder de la firma BAC Consulting. Analista político, profesor universitario.

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