Columnistas
Ecos del ronquido
Se estima que el 45 % de los adultos ronca ocasionalmente, y que el problema es aproximadamente un 40 % más frecuente en los hombres que en las mujeres.
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21 de sept de 2026, 01:42 a. m.
Actualizado el 21 de sept de 2026, 01:42 a. m.
Hace años asistí a un partido del Deportivo Cali en Buenos Aires con dos queridos amigos que acompañaron al equipo. Nos alojamos en el Hotel Bauen y pedimos una habitación con tres camas. Después de cenar copiosamente y comer abundantes viandas, nos acostamos a dormir y, vaya sorpresa, a los pocos minutos este par de amigos empezaron a roncar.
Parecía una orquesta de los pueblos del Caribe que utiliza instrumentos viejos y desafinados. No pude conciliar el sueño. Los dos dormían profundamente. Les hablaba, les tiraba chanclas, zapatos y hasta otros objetos, pero el concierto seguía durante toda la noche. Por supuesto, bajé a recepción y me consiguieron una habitación adicional. Cada vez que nos encontramos, nos reímos de aquel episodio.
Otro episodio ocurrió hace algunos años. Un amigo me invitó a una finca que tenía en Jamundí, en la parte montañosa. Asistí con mi esposa y con dos de mis hijos. En la madrugada, mis hijos me despertaron asustados:
—Papá, afuera ruge un tigre.
Me levanté y constaté que el ruido venía de la habitación de mi amigo, que roncaba como un león herido. Mis hijos me exigieron que nos devolviéramos a Cali porque no aguantaban aquel concierto.
Desde esa época me ha interesado la patología del ronquido. Uno pensaría que se trata de un problema de la era moderna; sin embargo, existen pruebas de que los ronquidos y sus efectos negativos han afectado a la humanidad durante milenios y que su historia se remonta a unos 3500 años.
Los egipcios trataban los ronquidos con infusiones de tomillo. En Alemania existe un museo dedicado exclusivamente a la historia de los ronquidos y a la búsqueda de sus curas, con dispositivos orales de toda clase. También se utilizaban las llamadas máscaras antirronquidos, hechas con una máscara de cuero que sujetaba las barbillas hacia atrás para mantener la boca cerrada.
Hipócrates escribió que los ronquidos eran causados por un exceso de flema en la garganta. En la Edad Media eran considerados un signo de pereza y falta de disciplina.
El ronquido se produce como consecuencia de la vibración de los tejidos blandos de la garganta. Actualmente se considera que un ronquido puede ser patológico cuando es frecuente, sonoro y no mejora con remedios populares. Puede ser el inicio de una patología como la apnea del sueño, que puede tener consecuencias graves para la salud mental, cerebral y cardiovascular.
Las causas son variadas: aumento de peso, envejecimiento, cambios hormonales, alergias, obesidad, consumo de alcohol, sedantes, comidas copiosas en la noche, cambios de postura, alteraciones anatómicas en los órganos respiratorios y dormir boca arriba. Todo esto puede producir insomnio, fatiga diurna, problemas de estrés y tensiones en las relaciones de pareja.
Se estima que el 45 % de los adultos ronca ocasionalmente, y que el problema es aproximadamente un 40 % más frecuente en los hombres que en las mujeres. Por eso es importante consultar a un especialista cuando los ronquidos son frecuentes y sonoros.
Cuando trabajaba en San Andrés, Islas, me llamó la atención que había unos cayos cercanos llamados Roncador y Quitasueño, que pertenecen a Colombia. Hablé con capitanes de la Armada colombiana y les pregunté por qué tenían esos nombres.
Me explicaron que esos nombres provienen de los peligros de la navegación colonial. El Cayo Roncador rinde homenaje al sonido ronco del agua al chocar contra los arrecifes, mientras que el segundo describe la angustia y el desvelo que causaban a los marineros al encallar sus barcos.
El choque constante y profundo del agua contra las olas y las barreras coralinas produce un ruido muy peculiar que semeja a los ronquidos.
El origen del nombre Quitasueño estaría relacionado con el hecho de que les quitaba el sueño a las tripulaciones que veían el riesgo inminente de encallar y naufragar, y mantenía en vela a los capitanes durante su travesía cercana a estos cayos.
Por eso, cuando una persona ronca al lado de uno, también lo mantiene a uno en ‘vela’, con el riesgo de sufrir insomnio y cansancio al día siguiente de la travesía cercana a la persona que ronca.

Cirujano urólogo, docente universitario, escritor y columnista. Fue director del servicio de urología en el Valle del Cauca por 25 años y también fue director de la Clínica Rafael Uribe.
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