Columnistas

La dependencia mal leída

Insumos médicos, componentes industriales y bienes intermedios dejaron de fluir, y el mundo entendió que había construido cadenas eficientes pero frágiles.

GoogleSiga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias

Álvaro Benedetti
Álvaro Benedetti | Foto: El País

26 de ene de 2026, 01:06 a. m.

Actualizado el 26 de ene de 2026, 01:06 a. m.

A algo más de un lustro de la pandemia, el recuerdo se diluye, no así lo que dejó expuesto. El mundo comprobó hasta qué punto la economía global había quedado atada a China, en un esquema que parecía funcionar mientras el engranaje no se detuviera. Durante años se privilegió producir más barato y rápido, y la fábrica del mundo encajó sin fricciones en ese diseño, hasta concentrar cerca del 28 % del valor agregado manufacturero global, más que Estados Unidos, Japón y Alemania juntos.

Más allá de los relatos ideológicos, lo decisivo fue el shock operativo. Insumos médicos, componentes industriales y bienes intermedios dejaron de fluir, y el mundo entendió que había construido cadenas eficientes pero frágiles. Desde entonces, la discusión se desplazó del costo al riesgo sistémico. La incorporación de China a la OMC buscó integrarla a reglas compartidas y estándares convergentes. Dos décadas después se consolidó como proveedor central, no como referencia institucional, abrió mercados para vender, no para ser replicada.

Ese desajuste da contenido a la noción de inmovilismo estructural chino ya planteada. Detrás de su deslumbrante despliegue tecnológico y urbano el sistema exhibe una enorme capacidad para ejecutar decisiones centralizadas, pero muchas más dificultades para reconocer errores, ajustar a tiempo o exponer información cuando los costos aumentan, especialmente si afectan equilibrios sociales y derechos que permanecen fuera del debate público.

La demografía refuerza esa lectura, pues según proyecciones de Naciones Unidas, China ya comenzó a perder población y su tasa de fertilidad ronda un hijo por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo. Hacia finales de siglo podría haber reducido su población a la mitad. Menos trabajadores, mayor presión fiscal y menor dinamismo interno no son hipótesis teóricas, sino restricciones duras para su productividad futura y la sostenibilidad del crecimiento.

Para quienes aún miran hacia Europa como referencia, el dilema es distinto, aunque no menos exigente. La Unión Europea sabe que envejece, con una mediana de edad cercana a los 45 años y más de una quinta parte de su población por encima de los 65, pero sigue sin resolver políticamente cómo atraer e integrar migrantes. Necesita mano de obra para sostener su aparato productivo y, al mismo tiempo, discute la inmigración más como amenaza que como respuesta económica, una tensión que erosiona su capacidad de proyectarse.

Rusia merece una mención aparte, sobre todo a la luz de su ofensiva en Ucrania. Su peso económico se ha reducido al de una potencia media y su capacidad de atraer inversión es limitada. Frente a esa decadencia, la tentación ha sido extender fronteras como sustituto de competitividad, una deriva que no expresa fortaleza, sino agotamiento estructural.

Para algunos, India aparece como la gran esperanza alternativa. Tiene población joven y crecimiento sostenido, pero pocos se detienen en su complejidad institucional, social y regulatoria, todavía opaca para muchos mercados occidentales. No es un sistema homogéneo ni fácilmente escalable y, aunque ofrece oportunidades puntuales, sigue lejos de constituir un reemplazo eficaz de China en la organización del comercio global.

Por eso, y como sugerimos la semana pasada, lejos de cualquier tesis de colapso, Estados Unidos sigue concentrando cerca de una cuarta parte del PIB mundial y atrayendo migración altamente cualificada junto con grandes flujos de capital. No por nostalgia hegemónica, sino porque reúne recursos, energía, moneda, universidades, logística y un marco de negocios que continúa funcionando incluso bajo la perturbación del ciclo político presente.

***

Claridades: Y de vuelta a nuestra realidad, la que deberían saber leer quienes aspiran a gobernar, la cuestión es saber medir y decidir en favor del interés nacional, si es que existe. China es decisiva para producir, pero hoy no ofrece el marco sobre el cual conviene ordenar una estrategia país.

Álvaro Benedetti, Consultor internacional.

Consultor internacional, estructurador de proyectos y líder de la firma BAC Consulting. Analista político, profesor universitario.

Regístrate gratis al boletín de noticias El País

Descarga la APP ElPaís.com.co:
Semana Noticias Google PlaySemana Noticias Apple Store

AHORA EN Columnistas