Columnistas
Fotos patéticas
Es trágico que la humanidad no logre ver, detrás de los discursos promeseros, la distorsión patológica de quien los pronuncia.
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24 de ene de 2026, 01:37 a. m.
Actualizado el 24 de ene de 2026, 01:37 a. m.
La sonrisa se parece a la de mi nieto cuando le doy una medalla que yo gané, como premio por haberse portado bien. La mira con orgullo unos segundos y luego la olvida. A sus tres años ya sabe que no es suya, que puede tocarla, pero no le pertenece. No la ganó.
Pero la sonrisa de Trump es otra cosa. Es de satisfacción plena. De premio largamente deseado y finalmente obtenido. En su rostro se lee: “por fin es mío, mío, todo mío”. Su mente distorsionada cree que tocar el oro significa merecerlo. Tan grotesco fue el espectáculo que el Comité Noruego tuvo que aclarar —como a un niño caprichoso— que el Nobel no es transferible ni regalable. Ningún premio lo ha sido. Ni el Nobel ni ningún otro.
La expresión de María Corina también es reveladora: “Hago lo que sea con tal de hacerlo pensar en los venezolanos y no en el petróleo”. Inocente. Decente. Buenota.
Es trágico que la humanidad no logre ver, detrás de los discursos promeseros, la distorsión patológica de quien los pronuncia. “Como su país no me dio el Nobel, no me siento obligado a pensar en la paz”, es la respuesta esquizofrénica a un llamado diplomático al diálogo, mientras amenaza con desatar una guerra con sus propios aliados europeos.
En otra foto, Delcy está de pie, más bien tiesa, estirando la mano a un sonriente director de la CIA. No está arrodillada. No hace venia. Faltaba más. Frente a ella está quien planeó la extracción de su adorado jefe, una operación militar que dejó 51 venezolanos y 32 cubanos muertos; el mismo que propinó una paliza humillante al régimen. Podrá ser el enviado para dictar instrucciones, pero ella no se inclina. Tal vez cuando llegue el virrey. O el rey. Por ahora, pretende transmitir que su dignidad permanece intacta mientras el amado líder trasnocha en una celda de tres por dos, y el país sigue dando tumbos con una represión que no cede.
Las dos fotos ayudan a poner en contexto la reunión entre el “narco-capo, matón y hostil” y el “senil, grosero, esclavista y nazi”, como ellos mismos se califican. Por más que lo deseemos, es muy improbable que dos narcisos tan patológicos lleguen a acuerdos que beneficien a sus países.
El cinismo estratégico del gran negociante ha dado para pensar que el cuento de la llamada y el “gran honor” sean otra jugada para ahorrarse los 570 millones de dólares que le costó sacar a Maduro.

Médico oftalmólogo, especialista en cirugía vitreoretinal. Docente universitario, fue gestor y director de la Clínica de Oftalmología de Cali y es reconocido como pionero en Colombia en cirugía de catarata con lentes intraoculares y en retinopexia neumática.
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