Columnista

El perro que comulgó

Admiro y respeto a quienes tienen perros y gatos y los consideran parte integral de sus vidas, pero, “bueno es culantro, pero no tanto”.

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Mario Fernando Prado
Mario Fernando Prado. | Foto: El País.

17 de abr de 2026, 01:18 a. m.

Actualizado el 17 de abr de 2026, 01:18 a. m.

Asistí el pasado sábado, en la mañana, a las honras fúnebres de una persona muy cercana a mis afectos y a mi corazón.

Luego de la velación, se llevó el cuerpo a la Iglesia de San Fernando Rey, en donde se ofició la sagrada eucaristía despidiendo a quien dedicó su vida a servir a los demás.

Desde la misma velación advertí que había una pareja joven que llevaba un pequeño coche, pensé yo, con un bebé a bordo, muy juicioso, además.

En esa misa y por esas cosas del destino, resulté ubicándome a escasa distancia de la pareja y su bebé. Mas, oh sorpresa: quien iba dentro del coche era un pequeño perrito al que chocholeaban permanentemente y, para ser justos, el perrito nunca ni gimió ni latió, observando un prudente silencio y no le hacía mal a nadie.

Llegado el momento de la comunión, la pareja se encaminó a recibir la sagrada hostia, la cual le fue impartida primero al muchacho y luego a la chica, que tomó la hostia en sus manos reservando un pequeño pedacito que le hizo tragar al perro.

No fuimos muchas las personas que vimos el espectáculo que menciono y todo pasó casi desapercibido, menos para este pajarraco que quiso, sin lograrlo, hacerle el reclamo al sacerdote porque se enredó saludando a quienes estaban ahí.

Quiero recordarles que soy animalista, me encantan las mascotas y que si pudiera tendría más loros y guacamayos.

Por otra parte, admiro y respeto a quienes tienen perros y gatos y los consideran parte integral de sus vidas, pero, “bueno es culantro, pero no tanto”.

¿Cómo así que un perro recibiendo la sagrada comunión?

Hemos llegado a unos extremos inimaginables en el trato humano que se les está dando a las mascotas: quienes van al supermercado, las llevan de viaje en primera clase, tienen menús especiales y cohabitan con sus amos, sepultando por fin el viejo adagio de la leyenda de la tal vida de perros que ya se quisieran disfrutar muchos de mis congéneres.

Yo sé que la iglesia no permite ni tolera estos exabruptos que francamente ofenden a la feligresía y hubiéramos preferido que aún estuviese con vida el santo varón Hurtado Galvis para que se hubiera pronunciado en su muy escuchada La Voz del Prójimo.

Y después nos extrañamos de que el diablo esté haciendo ostias.

Oh humanidad, ¿hasta dónde hemos llegado?

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Posdata. A los grupos de críticos de la gestión del alcalde les invito a leer el desarrollo de su programa de Gobierno.

No es posible que unas pequeñas minorías estén empeñadas en denostar de una administración que merece respeto y admiración.

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Posdata 2: Sigan dividiéndose y verán lo que va a suceder. Nos unimos o nos hundimos.

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Posdata 3: Yo hablo bien de Cali. ¡Hazlo tú también!

Administrador de Empresas, Abogado y periodista por vocación. Director y fundador de MF Publicidad Mercadeo Limitada, al igual que de los programas Mario Fernando Piano y Oye Cali. Galardonado en dos oportunidades con el premio Simón Bolívar de periodismo. Escribe para El País hace más de 40 años.

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