Columnista
El País en elecciones
En una democracia, el votante tiene la responsabilidad de informarse: conocer las propuestas, las procedencias, las historias personales y la visión de cada candidato para su ciudad, región y país.
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18 de ene de 2026, 12:20 a. m.
Actualizado el 18 de ene de 2026, 12:20 a. m.
Esta semana tuve la oportunidad de conocer a varios candidatos a la Cámara de Representantes y al Senado, en el marco de los ejercicios de socialización de nuestra edición especial ‘Voto Consciente’, que publicaremos próximamente. Confieso que algunos se mostraron sorprendidos de que El País tuviera interés en ofrecerles nuestra plataforma. Eran, en su mayoría, figuras emergentes, candidatos que quizás siempre asociaron a este diario con otros sectores políticos. Su sorpresa me preocupó y me motivó a partes iguales: preocupación porque revela una percepción de sesgo que no nos representa, y motivación porque constituye una oportunidad de dejar clara nuestra postura sobre el rol de un medio de comunicación en una contienda electoral democrática.
En una democracia, el votante tiene la responsabilidad de informarse: conocer las propuestas, las procedencias, las historias personales y la visión de cada candidato para su ciudad, región y país. Nuestro deber como medio es facilitar ese ejercicio. Y aquí es donde debo ser transparente sobre cómo entendemos esa responsabilidad.
Primero, visibilidad equitativa. El País debe ser plataforma para todos los candidatos, no solo para algunos. No podemos visibilizar a unos en perjuicio de otros. Michael Jordan dijo alguna vez: “Los republicanos también compran tenis”. Era su manera de explicar por qué no se alineaba públicamente con un partido. Nuestra lógica es similar, pero distinta en su motivación: no se trata de proteger intereses comerciales, sino de proteger la integridad del proceso democrático. Somos un medio y somos una plataforma comercial, y nuestras puertas están abiertas a todos los que deseen comunicar su propuesta a nuestras audiencias. Que sean ustedes, los lectores, quienes juzguen el contenido de los mensajes y manifiesten sus preferencias en las urnas.
Segundo, combatir la desinformación. El proceso electoral se vulnera cuando los votantes ejercen su voto con información errada. Por eso, es nuestro deber ser rigurosos, denunciar y corregir cualquier instancia de desinformación que pueda cercenar la integridad del proceso. La verdad no tiene color político.
Y tercero, ser aliados de la Registraduría Nacional, que durante el proceso electoral se convierte en árbitro máximo de la Nación. Apoyaremos la difusión de información sobre cómo ejercer el voto, cómo actualizar la inscripción de la cédula y el día de las elecciones informaremos con responsabilidad el desenvolvimiento del proceso, reportaremos las incidencias objetivamente y comunicaremos los resultados.
Ahora, una reflexión honesta: mantener esta postura no es fácil. Vendrán presiones. Habrá quienes interpreten nuestra apertura como debilidad y quienes interpreten nuestra rigurosidad como ataque. Les pido a ustedes, lectores, que nos exijan coherencia. Si ven que fallamos en estos principios, dígannoslo.
La sorpresa de aquellos candidatos esta semana me recordó que la confianza no se proclama, se construye. Este proceso electoral es nuestra oportunidad de demostrar que El País es la casa de todos los vallecaucanos, sin importar a quién le marquen en el tarjetón.
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