Columista

El bloque de búsqueda de los perros perdidos

Solo en 2025, Conexión Animal reportó cerca de mil animales extraviados, la mayoría a causa de la pólvora que divierte a unos cuantos y a ellos los espanta.

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Santiago Cruz Hoyos.
Santiago Cruz Hoyos. | Foto: El País.

18 de ene de 2026, 12:27 a. m.

Actualizado el 18 de ene de 2026, 12:27 a. m.

Sucedió el martes pasado. Una serie de casualidades me obligó a cambiar el sitio donde iba a almorzar —mi casa— y terminé en el que considero el mejor corrientazo de Cali, un restaurante en San Fernando, con una ceiba en la mitad, al que todos llaman ‘el árbol’.

(Un lugar donde el precio del almuerzo sube tan rápido que ya no es corrientazo sino casi a la carta, lo que pronto obligará a ir bien vestido y solo en ocasiones especiales).

Cuando salí, lo vi: era un perro café, acostado sobre el pasto del parque que queda frente a Carulla. Desde lejos parecía muerto. No se movía. Me acerqué un poco más y comprobé que su barriga subía y bajaba lentamente. Dormía, pero parecía derrotado.

—¿El perro es tuyo? —le pregunté al muchacho que cuida los carros.

—No. Lleva dos días dando vueltas por aquí. No sabemos de quién es. Hemos intentado darle comida, pero no se deja coger. Parece bravo.

Me acerqué otro paso. El perro se despertó desconfiado. No parecía bravo. Miraba la bolsa que yo llevaba con otro almuerzo. Evidentemente tenía hambre. Le tomé una foto. En su mirada parecía que pedía ayuda. Intenté acariciarlo, pero se puso de pie de un salto, la cola entre las patas, y se alejó trotando hacia el andén del frente.

Supuse que con un sobre de comida húmeda para perros podría calmarle el hambre al menos por un rato y, tal vez, darle confianza. Lo compré en Carulla y salí a buscarlo de nuevo. Ya no estaba.

Caminé por la Quinta, por el Hospital Departamental y por Medicina Legal. Husmeé en los lotes de las casas abandonadas, pero no apareció. Regresé al parque y le entregué la comida al cuidador de carros: “Por si a vos te recibe más fácil”.

Entonces recordé que en Facebook existe una cuenta llamada Perritos Perdidos Cali y publiqué la foto. Pensé en esas botellas que se lanzan al mar con un mensaje adentro, con la remota esperanza de que alguien lo encuentre. Como por no dejar. Tenía más fe en la promesa de los cuidadores de carros, que aseguraron vigilar al perro si volvía.

La publicación fue aprobada en menos de cinco minutos. Me sorprendió la cantidad de reacciones y la velocidad con la que empezó a compartirse, como si en la ciudad se hubiera activado una alarma silenciosa.

Entre los comentarios apareció alguien llamado Daniel. Hacía preguntas precisas, casi técnicas:

—¿Es macho?

—Sí.

—¿Sigue en el sector?

—Sí, los vigilantes lo han visto dando vueltas desde ayer.

Otra usuaria escribió: “¡Ve a ver si es él!”, y subió una foto con un mensaje pidiendo ayuda para encontrar una mascota desaparecida.

Era un perro muy parecido. El mismo, en realidad. Ahí supe que se llamaba Luka. Que se había perdido en el barrio Libertadores, como por el Club Noel, relativamente cerca al parque donde lo encontré. En la imagen estaba sobre una cobija azul, con la boca abierta y la lengua afuera, como si sonriera. “Luka es un perro mimado”, pensé. También en el desespero de su familia por no saber dónde estaba.

Casi una hora después llegó otro mensaje de Daniel:

Muchas gracias, de verdad. Lo encontré caminando por el sector. De verdad, gracias.

Sentí que eran como las palabras de quien le vuelve el alma al cuerpo. A mí me alegró el día. Recuperé la fe en las botellas que se lanzan al mar. En la publicación, los corazones se multiplicaron. También los relatos de otros reencuentros, otras búsquedas, otros perros —y gatos—.

Cali es una ciudad de perros perdidos. Solo en 2025, Conexión Animal reportó cerca de mil animales extraviados, la mayoría a causa de la pólvora que divierte a unos cuantos y a ellos los espanta. Pero también es una ciudad donde, sin proponérselo, miles de personas han formado una especie de bloque de búsqueda: gente que no se conoce entre sí, que no gana nada, que no pide recompensas, que sale a caminar barrios ajenos persiguiendo una foto borrosa o un nombre publicado en redes.

En Cali, los perros no están tan solos como parece.

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