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El odio como instrumento de marketing político

Frente a la sólida candidatura de la izquierda que se regodea viendo cómo destrozan algunos seguidores a los candidatos de centro, apelando al odio para descalificarlos con livianos argumentos sobre género...

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Julián Domínguez Rivera.
Julián Domínguez Rivera. | Foto: El País.

21 de mar de 2026, 02:26 a. m.

Actualizado el 21 de mar de 2026, 02:26 a. m.

Raúl del Pozo, emblemático columnista y escritor español que acaba de morir, decía que entendía el odio de quienes, como él, vivieron de cerca el horror de la guerra civil española. Pero que era inaceptable que los nuevos políticos en España pretendieran reciclar ahora el odio como fuente del marketing político.

Parece que las lecciones del pasado en materia política en nuestro país, donde la división de los partidos de centroderecha nunca ha generado nuevos votantes para alcanzar el triunfo, no hubieran servido para corregir el rumbo. Por el contrario, en cada elección de presidente, alcaldes o gobernadores se repiten los errores que conducen al fracaso.

Ahora, frente a la sólida candidatura de la izquierda que se regodea viendo cómo destrozan algunos seguidores a los candidatos de centro, apelando al odio para descalificarlos con livianos argumentos sobre género, inoperancia de los partidos políticos o la radicalización hacia los extremos, vale la pena hacer un alto y reflexionar. Todo ello ocurre frente a electores que desconcertados terminarán engrosando la abstención, superior al 50 %, o lo que es peor, frustrados por no poder cambiar el populismo destructor del presente gobierno, repitiendo el suicidio del 2022.

Es lo que está ocurriendo con la candidatura de Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo. A quienes les bastó ser escogidos como candidatos en un ordenado y civilizado proceso conocido como La Gran Consulta, para ser maltratados en su honra y en sus derechos como mujer y homosexual, como lo peor de la condición humana, todo alimentado por redes de sospechosa proveniencia y cuantiosos recursos.

Por razones de mi oficio, me correspondió vivir interesantes procesos, donde con gran perseverancia y por primera vez en Colombia, Paloma logró concertar una ley de emprendimiento para asociaciones y microempresarios que se denomina Escalera por la Formalización. Como su nombre lo indica, responde al viejo anhelo de ir fortaleciendo las actividades productivas incipientes para que, paso a paso, den el salto a la formalización y puedan crecer sin quedarse enanas, como ocurre con el 93 % de las empresas que nacen y donde solo el 7 % restante aumenta de tamaño. Para lograr esta ley, la candidata a la presidencia fue valiente para defenderla y conciliadora para obtener el apoyo casi unánime en el Congreso.

A Oviedo lo conocí cuando dirigió el Dane con total eficiencia y transparencia, aportándole al país su conocimiento y calidad de líder, reconocido y celebrado por todos los estamentos, aun internacionales. Ahí consolidó un sistema estadístico sin antecedentes que permite hoy en día leer claramente las tendencias y aun las percepciones de los colombianos, para construir políticas públicas que alivien el alma adolorida y las vidas de las familias de nuestra Nación.

¿Por qué ahora se los ridiculiza por tratar de lograr que sea la concertación entre contrarios y no el odio que tanto daño nos ha hecho el que gobierne nuestras vidas? ¿Por qué no seguir el ejemplo que nos han dado de proceder democráticamente entre nueve personas jóvenes e inteligentes al que ellos se sometieron? ¿No seremos capaces de superar por esta vez la torpeza y la miopía política que nos lleva al despeñadero? Creo que todavía es posible, votando por los candidatos sin dejarse arrastrar por el odio que quieren sembrarnos.

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