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¿El mito comunista?

La concepción de la sociedad como lucha de clases, la idea de que sólo con guerra se combate la pobreza, la necesidad de centralizar el poder económico y limitar la libertad de empresa y la propiedad: son piezas de un mismo engranaje.

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Alberto Castro Zawadski
Alberto Castro Zawadski | Foto: El País.

16 de may de 2026, 01:33 a. m.

Actualizado el 16 de may de 2026, 01:33 a. m.

Hay quienes sostienen que la evolución hacia el comunismo es un mito, porque ya ‘se sabe’ que fracasó en Rusia y en China, aunque siga vivito y coleando en Corea del Norte y Cuba. Creen que las ideologías son blanco o negro: o se es comunista radical, con todas sus consecuencias, o no se es. No alcanzan a entender que cuando una forma de pensar se infiltra en las mentes, el daño no tiene que ser absoluto para ser efectivo.

La concepción de la sociedad como lucha de clases, la idea de que sólo con guerra se combate la pobreza, la necesidad de centralizar el poder económico y limitar la libertad de empresa y la propiedad: son piezas de un mismo engranaje. Ideas que parten de la fe fanática y que otorgan a sus líderes una supuesta superioridad moral. Solo ellos entienden la historia. Solo ellos pueden salvar al pueblo. Esa misión redentora —el paraíso socialista— termina justificándolo todo: expropiaciones, regulaciones asfixiantes, restricciones a la libre empresa y el ataque sistemático a cualquier institución que permita el disenso. La justicia, el Congreso, la prensa, la universidad abierta, la alternancia, la libre opinión: todo se convierte en obstáculo de una ‘oligarquía’ que debe ser reemplazada por el poder popular… convenientemente interpretado por el líder de turno.

El Estado debe ser fuerte para garantizar salud y educación ‘gratuitas’, lo que ocurre solo en la afiebrada imaginación. La oposición estorba y sobra. La receta agraria tampoco es nueva: repartir tierras y debilitar la agroindustria. Ya la probaron Stalin, Mao y Castro, dejando horrendas hambrunas y millones de muertos.

A la versión criolla se le añade un ingrediente original: la indulgencia con el delito y el salvajismo. Las bandas armadas son vistas como consecuencia de la ‘violencia estructural’, y la respuesta es la convivencia que termina normalizando un Estado criminal. Con la teoría de la ‘guerra fracasada’, se abraza a todos los mafiosos y se enfrenta con ‘dignidad’ al consumidor.

No, no es comunismo radical. Pero es muy parecido. Y ha sido suficiente para empeorar la inequidad donde se ha aplicado. El programa de Cepeda está escrito y cualquiera lo puede revisar. Lo sorprendente no es que unos muchachos alienados lo crean. Es que los educados que conocen la historia y que deberían saber mejor, sigan fingiendo que no lo reconocen.

Médico oftalmólogo, especialista en cirugía vitreoretinal. Docente universitario, fue gestor y director de la Clínica de Oftalmología de Cali y es reconocido como pionero en Colombia en cirugía de catarata con lentes intraoculares y en retinopexia neumática.

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