Columnista
De la novela a la realidad
En Colombia, reformas mal diseñadas han convertido a ciudadanos reales en daños colaterales.
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30 de ene de 2026, 02:33 a. m.
Actualizado el 30 de ene de 2026, 02:33 a. m.
Me recomendaron, para entender nuestro país, la lectura de la novela ‘Morir en la Arena’, de Leonardo Padura. Dicha novela policíaca puede convertirse en el espejo de lo que vive nuestro país. La novela deja en evidencia, frente a un hecho criminal en Cuba, que lo sustantivo no es el delito, sino que se conozca y que ello fracture el símbolo que el régimen necesita preservar.
Una primera lección del libro es el riesgo de que el mito sustituya a los resultados. En la novela, eso se refleja en un evento deportivo que ‘debe salir bien’ a pesar del crimen, porque representa al sistema y no porque funcione realmente.
En Colombia se parece a un país que muestra resultados que ‘parecen bien’ en crecimiento, empleo y tasa de cambio, así lo sustantivo no funcione: la inversión como proporción del PIB es el peor dato en tres décadas, el crecimiento se soporta fundamentalmente en burocracia estatal, el empleo se genera en el ‘rebusque’ y en más ‘corbatas públicas’ y la tasa de cambio refleja ficticiamente la condescendencia con el narcotráfico y el sobre endeudamiento público. Pero ‘todo va bien’.
La segunda lección es cuando la lealtad reemplaza a la competencia. En la novela, la obediencia protege más que la capacidad técnica. En Colombia esto se refleja en un sector público que prefirió desplazar a los técnicos para reemplazarlos por militantes, reflejado en juntas directivas ideologizadas (v.g. Ecopetrol) o salidas masivas de funcionarios competentes ante potenciales decisiones anti-técnicas (v.g. La URF ante el cambio en la lógica técnica de administrar con rigor el portafolio de inversiones de los fondos de pensiones). El resultado es una mala gestión pública y talento humano que perdemos en lo público.
La tercera lección es cuando la verdad se convierte en amenaza. En la novela saber demasiado es peligroso porque puede dañar el proyecto. En Colombia ya es recurrente descalificar, sancionar o perseguir al mensajero antes que debatir el mensaje. Esto le aplica a la forma como se actúa frente a las diferencias que expresan frente al Gobierno gremios, empresas, centros de pensamiento y líderes de opinión. Las cifras oficiales incómodas o los argumentos de la contraparte se enfrentan con guerra de narrativas mentirosas, ataques de ‘bodegueros’, mensajes populistas de odio y resentimiento, sanciones administrativas o ataques al medio. Cuando un gobierno le teme a los datos y al debate, deja de gobernar y se refugia en la narrativa.
La cuarta lección es que los individuos terminan siendo prescindibles frente al sistema. En Colombia, reformas mal diseñadas han convertido a ciudadanos reales en daños colaterales (v.g. pacientes sin medicamentos, estudiantes sin Icetex).
La última lección es la más común: el modelo nunca falla, siempre fallan otros. En el libreto populista, el problema es el mercado, Duque o Uribe, la ‘oligarquía’, los ricos, las cortes, etc. Nunca su idea. Nunca su gestión. Nunca sus errores. Así, nunca se mejora!
‘Morir en la arena’ es, sin proponérselo, nuestro espejo. Lo triste del caso es que estos modelos populistas se creen moralmente superiores y terminan construyendo para hoy y destruyendo el mañana. Así cautivan a más de uno. Estamos aún a tiempo de darnos cuenta.

Economista, Magister de London School of Economics y Doctorado Universidad de Bath. Ex Rector de Universidad del Rosario, CESA Y Uniempresarial y hoy Rector Universidad EIA (Escuela Ingenieria de Antioquia). Ex Ministro de comercio, industria y turismo y Ex Ministro de Hacienda. Profesor e investigador universitario.
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