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Corrupción: el principal problema
Petro se hizo elegir con las banderas de la ‘Paz Total’ y la lucha contra la corrupción. No se sabe cuál de las dos promesas ha sido más incumplida en este funesto gobierno del cambio.
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29 de ene de 2026, 02:33 a. m.
Actualizado el 29 de ene de 2026, 02:33 a. m.
La primera encuesta de Atlasintel para la revista Semana revela que el principal problema que tiene Colombia hoy, de acuerdo con los resultados del estudio, es la corrupción. Le siguen la guerrilla y la seguridad. La firma Atlansitel está catalogada como la empresa líder para estudios electorales en Estados Unidos.
Petro se hizo elegir con las banderas de la ‘Paz Total’ y la lucha contra la corrupción. No se sabe cuál de las dos promesas ha sido más incumplida en este funesto gobierno del cambio. La corrupción ha sido una conducta generalizada que ha penetrado muchas entidades.
El gobierno de Petro ha quedado en evidencia como el más corrupto de la historia de Colombia. La lista interminable de actos de corrupción protagonizados en su gobierno explica la desilusión de millones con Petro y su banda de funcionarios corruptos. Ahora le corresponde a los aspirantes a la Presidencia de la República que no han apoyado este desastroso Gobierno, convertir esa desilusión en millones de votos para salvar al país del abismo al borde del cual lo ha llevado Petro.
El Primer Mandatario maneja una tercera parte del electorado, aquella que lo apoya pese a la evidencia de la mediocridad de su gestión y la corrupción en su círculo cercano. Para ellos el relato de Petro es suficiente así este se contradiga con los datos. Los candidatos a la Presidencia deben construir una narración de país posible que resuelva la destrucción causada a varios sectores por el actual Gobierno y elimine la corrupción de la clase política que subió y mantiene a Petro en el poder.
En un país que repudia la corrupción que tanto mal ha hecho, nada más dañino que la incapacidad de reconocer que ciertos comportamientos corruptos de sus funcionarios, además de ir en contravía de lo que fue una promesa de campaña que conquistó millones de electores, son ante todo inaceptables. El Gobierno debe dimensionar como su postura negacionista ante lo que se ha revelado puede causar un perjuicio enorme a la confianza de la ciudadanía en las instituciones.
En este gobierno, un episodio escandaloso opaca al anterior. La promesa de combatir la corrupción hoy se ve profundamente desgastada por una acumulación de escándalos que dejan una tacha moral sobre el gobierno y su círculo más cercano. Cuando los contratos públicos no se rigen por la transparencia, el daño trasciende lo penal porque erosiona la legitimidad misma de las instituciones.
El discurso del cambio, tantas veces invocado, se desdibuja cuando termina siendo coartada de saqueo. La corrupción no tiene ideología. Son muchos los caudillos políticos que se enriquecen mientras empobrecen a los ciudadanos. Prometieron transformaciones y dejaron solo ruinas.
Las víctimas del saqueo a los dineros públicos merecen justicia. El silencio social es el mejor aliado de los corruptos. No basta con indignarse en las redes sociales. No basta tampoco con resignarse. No se trata solo de robárselos sino que corrompen la democracia. Existe ahora un nuevo cartel: el del cambio que robó al Estado. No era una revolución ética, era una estrategia para saquear con discursos progresistas.

Columnista El País
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