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Beatriz González

Gracias a tantos y variados logros, fue premiada tempranamente por el mundo del arte con el calificativo mayúsculo de Maestra.

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Carlos Jiménez.
Carlos Jiménez. | Foto: El País.

16 de ene de 2026, 01:19 a. m.

Actualizado el 16 de ene de 2026, 01:19 a. m.

Recibo la noticia de la muerte de Beatriz González y experimento de golpe el vértigo de la edad. Al fin y al cabo yo vi su obra por primera vez en el 1º Salón de Pintura realizado en Cali en ¡1965! y la última vez en la Documenta de Kassel, en Alemania, en 2017. ¡Demasiados años, por Dios! Años que afortunadamente me permitieron conocer, en extensión y profundidad, la trayectoria profesional de una de las artistas colombianas más importantes de la historia.

Trayectoria poliédrica e imposible de resumir en estas pocas líneas, porque ella, aparte de pintora, grabadora y escultora, desempeñó funciones importantes de asesoría y dirección artística en el Museo Nacional y en la Biblioteca Luis Ángel Arango, ambas de Bogotá. Fue, además, profesora, conferencista y temible polemista. Gracias a tantos y variados logros, fue premiada tempranamente por el mundo del arte con el calificativo mayúsculo de Maestra. Ella fue la maestra por excelencia para todos los que la conocimos y para todos los que de alguna manera tuvieron contacto con ella o conocieron y admiraron su obra.

Entre los primeros figura el pintor Luis Caballero, autor de esta rotunda sentencia: “Usted es la única que ha sabido pintar a los colombianos”. Desde luego exagerada, que ahí están los ejemplos de Débora Arango y de Fernando Botero para comprobar que otros memorables artistas también lo hicieron. Como tampoco es enteramente cierta la definición que ofreció el título de un libro dedicado a su obra de 1988: Beatriz González, una pintora de provincia. Ambas definiciones consiguen, sin embargo, acotar el campo al que pertenece su arte.

Aunque nació en Bucaramanga, vivió y trabajó la mayor parte de su vida en Bogotá. E incluso pasó temporadas enteras en Europa. Pero ella hizo suya, sin quizá conocerlo, la sabiduría contenida en este verso del poeta Alvarado Tenorio: “En provincia aprendimos que saber mucho sirve de poco”. De allí que su arte conjugara bien con la actitud del provinciano que, en vez de rendirse a los encantos del cosmopolitismo fatuo de la metrópolis, se mantiene fiel a su propia condición provinciana. Aun viviendo en la gran ciudad. Se equivocaron quienes la afiliaron al Pop Art, solo porque buscó sus temas en la prensa.

Allí los buscó, no en los anuncios publicitarios sino en las páginas rojas o sociales.

Allí los recupero y pinto con una modestia y una fidelidad sobrecogedora a la sensibilidad popular.

Historiador y crítico de arte. Profesor de la Unviersidad Europea de Madrid y corresponsal de la revista ArtNexus en España. Es columnista del diario El Pais de Cali desde 1994.

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